Las elecciones celebradas este domingo en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental dejan una fotografía particularmente significativa de la evolución política alemana: las dos grandes vencedoras se encuentran en los extremos opuestos del espectro político. La AfD se convierte en primera fuerza en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, mientras Die Linke logra una victoria histórica en Berlín.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, las últimas proyecciones sitúan a Alternativa para Alemania (AfD) en torno al 38% de los votos, por delante del SPD de la presidenta regional Manuela Schwesig, que obtiene aproximadamente un 36%. El dato resulta especialmente llamativo si se compara con las elecciones de 2021, cuando la AfD obtuvo el 16,7%. En cinco años ha más que duplicado su porcentaje.
Pero el resultado quizá más dramático corresponde a la CDU del canciller Friedrich Merz. El partido democristiano se mueve alrededor del 5%, frente al 13,3% conseguido en 2021, y se encuentra incluso en riesgo de quedar fuera del Parlamento regional por la barrera electoral. Es un resultado sin precedentes para la CDU en unas elecciones regionales alemanas.
Berlín ofrece una imagen distinta pero igualmente reveladora de la transformación del mapa político. Die Linke se convierte por primera vez en la fuerza más votada de la capital, con aproximadamente un 25,5%, más del doble de su resultado de 2023. La CDU queda segunda, alrededor del 20%; AfD se sitúa en torno al 15%-16%, en competencia con Los Verdes, mientras el SPD cae hasta aproximadamente el 12%.
El resultado berlinés supone además una ruptura con la tradicional centralidad de socialdemócratas, democristianos y verdes en la política de la capital. Die Linke no solamente gana, sino que lo hace con claridad, mientras que el SPD registra un resultado históricamente bajo.
Dos elecciones y dos victorias situadas en polos ideológicos opuestos. En el nordeste alemán, una AfD de derecha radical que supera ampliamente el tercio del electorado; en Berlín, una Die Linke de izquierda radical que supera ampliamente al SPD.
Hablar de una radicalización general de Alemania puede ser prematuro. Pero sí puede hablarse de una fuerte polarización y debilitamiento de los partidos tradicionales en todas las elecciones regionales celebradas este año.
Ganar las elecciones no significa necesariamente gobernar. En Mecklemburgo-Pomerania, los demás partidos mantienen por ahora su negativa a pactar con AfD, por lo que su victoria electoral puede no traducirse en la presidencia regional. En Berlín, el triunfo de Die Linke abre distintas combinaciones parlamentarias y obliga a renegociar completamente el gobierno de la ciudad.
La jornada electoral del 20 de septiembre deja así una Alemania oriental políticamente mucho más fragmentada. AfD consolida su enorme crecimiento en el este; Die Linke demuestra en Berlín que también existe una movilización considerable hacia la izquierda; y CDU y SPD ven erosionada la posición dominante que durante décadas estructuró el sistema político alemán.



