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La escalada que puede arrastrar a Pakistán y Afganistán a la guerra

Los bombardeos sobre Kabul y la cadena de represalias de las últimas horas sitúan a ambos países en su momento más peligroso en años.

Un ataque aéreo sobre Kabul, en una imagen que refleja la escalada entre Pakistán y Afganistán.
Un ataque aéreo sobre Kabul, en una imagen que refleja la escalada entre Pakistán y Afganistán.

La crisis entre Pakistán y Afganistán ha entrado en una fase mucho más peligrosa. Lo ocurrido en las últimas horas ya no encaja en la idea de un simple choque fronterizo: hay bombardeos sobre ciudades afganas, ataques de represalia y un lenguaje oficial que apunta a una confrontación directa.

El salto es importante porque la violencia ya no se mueve solo en la frontera. Ahora alcanza Kabul, Kandahar y Paktia, con impacto militar, político y también civil. Cuando la tensión llega a ese nivel, el riesgo deja de ser una hipótesis lejana y pasa a convertirse en una escalada real, con capacidad de arrastrar a ambos países a un conflicto de mayor alcance.

La frontera ha dejado de ser el único frente

La secuencia de las últimas horas explica por qué la tensión se ha disparado. Afganistán presentó algunos de sus ataques como respuesta a bombardeos previos, y la reacción de Islamabad fue mucho más contundente: golpes aéreos y terrestres dentro de Afganistán, incluida la capital. Ese detalle lo cambia todo, porque sitúa la crisis en otro nivel.

Lo que hasta hace poco podía describirse como una cadena de incidentes fronterizos empieza a parecerse a una escalada sostenida. Cuando la violencia alcanza ciudades como Kabul, el margen para contenerla se reduce mucho más deprisa y el coste político también se dispara.

Pakistán ya habla de autodefensa y de una respuesta sin límites

La posición oficial de Pakistán ya marcaba una línea dura antes de los bombardeos. En la rueda de prensa semanal del 26 de febrero, el Ministerio de Exteriores dejó una frase muy clara: Pakistán tomará “todas las medidas necesarias” en ejercicio de su “derecho de autodefensa” frente a ataques terroristas que atribuye a grupos que operan desde Afganistán.

Ese punto es clave para entender el discurso de Islamabad. Pakistán intenta presentar sus ataques como una respuesta defensiva y no como una ofensiva gratuita. La lógica que sostiene es conocida: acusa al régimen talibán de no frenar, o incluso de tolerar, la actividad de grupos armados como el TTP, mientras Kabul rechaza esa acusación y sostiene que la inseguridad paquistaní es un problema interno.

Kabul denuncia los ataques y entra en la lógica de la represalia

Desde el lado afgano, el relato es el contrario. Las autoridades talibanes denuncian los bombardeos paquistaníes y presentan sus movimientos posteriores como una represalia directa. Ese esquema convierte el conflicto en una cadena de acción y reacción en la que cada golpe del rival sirve como argumento para el siguiente.

Ese es el punto más peligroso de la crisis. Cuando ambos gobiernos sostienen que solo están respondiendo a una agresión previa, la escalada se vuelve mucho más difícil de contener. Cada ataque se presenta como defensivo, pero al mismo tiempo alimenta el siguiente paso y reduce todavía más el espacio para una salida diplomática.

El riesgo ya no es solo bilateral

La gravedad de esta crisis no depende únicamente de los ataques ya realizados, sino de lo que puede desencadenar a partir de ahora. Pakistán ha entrado en un choque directo con el régimen talibán en una frontera de más de 2.600 kilómetros, en una región extremadamente frágil y con un desequilibrio militar evidente: Pakistán es una potencia nuclear, mientras Afganistán mantiene capacidad de combate irregular y control territorial, pero no una fuerza convencional comparable.

La reacción internacional ya apunta en esa dirección. Rusia, China, Irán, Turquía y Arabia Saudí han empezado a moverse diplomáticamente para evitar una escalada todavía mayor. Cuando varias potencias regionales activan contactos al mismo tiempo, es porque asumen que la situación ha entrado en un punto de máxima tensión.

Lo que puede venir ahora

A corto plazo, el escenario más probable no es una guerra convencional con declaración formal, sino algo más difícil de desactivar: un ciclo sostenido de bombardeos, represalias y ataques selectivos que convierta la frontera y varias ciudades en un frente de facto. Eso bastaría para hablar de una guerra abierta en términos políticos y militares, aunque nadie la declare con un formato clásico.

La pregunta ya no es si existe tensión entre Pakistán y Afganistán. Esa fase ha quedado atrás. La cuestión real es si todavía hay margen para frenar la escalada antes de que esta cadena de represalias se convierta en una crisis prolongada, con más víctimas, más presión regional y una ruptura todavía mayor entre Islamabad y Kabul.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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