La posibilidad de elecciones anticipadas , tanto catalanas como generales, es objeto estos días de una atención preferente de los medios. Las razones que han propiciado que vuelva a hablarse de elecciones son claras: a) en Cataluña la dificultad de aprobar presupuestos por el desencuentro entre PSC y ERC a cuenta de la cesión a Cataluña del IRPF, b) en toda España por la teoría que el » No a la guerra» de Sánchez puede producir un vuelco electoral favorable a los socialistas. Algunos incluso aventuran que podrían hacerse coincidir andaluzas, catalanas y generales.
A la espera de lo que digan las encuestas, siempre determinantes a la hora de adelantar o no unas elecciones, descarto totalmente el super domingo. Veo harto improbable el anticipo de las catalanas, y, en cambio, no me atrevería a descartar las generales. Veamos los argumentos con más detalle.
Illa no tiene ningún incentivo para convocar elecciones. En el mejor de los casos sólo puede aspirar a repetir resultados, las encuestas le auguran un retroceso, con lo quedaría igualmente a merced de ERC para formar gobierno. En cambio corre el riesgo que la subida de AC acabe dando una mayoría independentista que haga que los partidos independentistas, que ahora parecen incompatibles, acaben poniéndose de acuerdo de alguna manera. Y , aunque no lo hagan , configuren una mayoría que le amargue constantemente la gobernabilidad, por ejemplo aprobando mociones en favor del concierto y otras reivindicaciones nacionalistas. En el hipotético caso de convocar elecciones no creo que Illa, a pesar de que pudiera beneficiarle, las hiciera coincidir con las generales y menos con las andaluzas, rompiendo con la tradición de evitar » contaminar» las elecciones catalanas con las españolas .
Menos rotundo soy en cuanto a las elecciones generales. Sin duda la tentación de Sánchez puede ser muy grande. La dinámica política y económica de España no auguran que Sánchez llegue a 2027 con mejores expectativas electorales de las que puedan darse en estos momentos si el antiamericanismo mayoritario en la sociedad española se traduce en voto a Sánchez.
Como las elecciones podrían , en este caso sí, coincidir con las andaluzas en junio, el problema es que es muy difícil prever el rumbo de la guerra y su duración. El empantanamiento favorecería a Sánchez. Una victoria rápida de la coalición occidental y un cambio de régimen, o, por lo menos, un apaño a la venezolana, podrían neutralizar loe efectos favorables para Sánchez de su demagogia antibelicista.
Por otra parte un buen resultado de Sánchez, que en ningún caso se acercaría a la mayoría absoluta ,aunque sacase más diputados que el PP, no garantiza que obtenga la mayoría en la investidura, ni desde luego una legislatura estable. Al contrario, la caída de Sumar y la relación tormentosa con los de Puigdemont , que puede contaminar a ERC, hace que una «victoria» pueda acabar siendo una derrota.
Con todo la » certeza » de que en 2027 las cosas muy difícilmente pintarán bien para Sánchez puede provocar que anticipe las elecciones si la guerra se prolonga y las encuestas le dan opciones de poder formar gobierno.



