Desde su génesis en la Costa Este de Estados Unidos a finales de la década de 1960, el street art y el grafiti han viajado a casi todos los rincones del planeta y han dado lugar a nuevos estilos muy floridos y dinámicos. Al exponer sus obras en la galería más grande y abierta del mundo, los grafiteros y artistas urbanos muestran sus creaciones a un público que no puede evitarlas, con lo que desafían las ideas convencionales sobre el lugar del arte en la vida cotidiana. Steve Powers, en Nueva York, Ian Strange, en Australia, pasando por el Londres de Eine, el París transfigurado por Honet y OX, y los gigantescos murales de los brasileños Os Gêmeos, este trabajo muestra la historia genuinamente geográfica de esta forma de arte.
La forma más elevada del street art y del grafiti no es una mera estética basada en eslóganes, consignas políticas o promoción personal: es un movimiento mundial muy comprometido con la creatividad espontánea y la infinita diversidad de las ciudades. Este histórico estudio del street art internacional se sitúa en el punto en el que confluyen el arte, las calles y la geografía. También tiene sus propias exposiciones, como la Tate Modern y Somerset House.
Un fenómeno global
Atlas mundial del street art (Blume) es un curioso testimonio de cómo este variado movimiento artístico contemporáneo se ha convertido en un auténtico fenómeno global. Los autores son Lachlan MacDowall, pionero en métodos de investigación estudiando el grafiti, el street art y la cultura digital, y Rafael Schacter, profesor de Antropología y Cultura material en el University College de Londres. Organizado por ciudades, desde Nueva York, Los Ángeles y Montreal, pasando por Ciudad de México y Buenos Aires, hasta Londres, Berlín y Madrid, así como Sídney y Tokio, se presentan los perfiles de más de cien de los artistas más importantes de la actualidad y más de setecientas asombrosas obras de arte. De cada uno de ellos se narra la evolución del arte urbano en cada región y se proporciona un contexto histórico esencial. Además de un retrato sociológico, es un manual de inspiración para sus aficionados.
Hay un capítulo dedicado a las calles de Barcelona. La escena del grafiti hip-hop barcelonés comenzó hacia 1983, aunque al principio se centró en el break dance. Los jóvenes que vieron Style Wars (1983) y Beat Street (1984) se enamoraron de la cultura y empezaron a emularla. Algunos escritores estadounidenses, entre ellos Lee Quiñones y Futura 2000, y el fotógrafo Henry Chalfant visitaron la ciudad para realizar exposiciones, lo que ejerció una importante influencia en la escena local. Luego empezaron a aparecer los primeros grafitts en los metros y trenes. Entre las crews de esta generación estuvieron SN, DFR, M2, 3RL y GOLDEN. Durante la década de 1980, la escena tuvo un genuino cariz. Hoy, pese a las manifestaciones de artistas, skaters y activistas, está prohibido pintar murales, por lo que la alternativa es centrarse en las persianas de las tiendas, suburbios, ríos o fábricas abandonadas.



