«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…».
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes)
Con las doce palabras exactas del epígrafe: “se abrió la puerta a la literatura moderna y comenzó el viaje de una novela eterna en el mundo entero”.
Millones de lectores han pronunciado, comentado, conversado, dialogado, discutido, recitado, opinado y han criticado la novela más memorable de la humanidad.
El Ingenioso Hidalgo inició su caminar en enero de 1605, y fue recibido en la vasta América recién dibujada en los mapas, unos meses después, en septiembre del mismo año.
Así se detalla en los registros de la Casa de Contratación de Sevilla, sobre aquel envío del librero Juan de Sarriá que incluía 262 ejemplares de la novela aún olorosa a tinta fresca.
Navegaba pues, Don Quijote de la Mancha en la flota que partió de Sanlúcar de Barrameda el 12 de julio de 1605 y arribó a San Juan de Ulúa en Veracruz, México, el 16 de septiembre de 1605.
Desde esa fecha, el inmortal hidalgo también vive y mora en Latinoamérica. Entre sus selvas y ríos impetuosos, entre valles y llanuras, y en las casas de la gente como una narrativa viva, compartiendo la memoria de sus pueblos y su capacidad de reinventarse a través de la palabra.
La “quijotización de América”, no solo se cuenta desde la histórica fecha de su llegada, sino que es como una herramienta para sobrevivir y soñar de nuevo.
Coincidimos con la poética de Juan Armando Epple, que desde su prólogo en “MicroQuijotes 2”, en una hermosa edición de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, en la Colección Pulso Herido de 2015, nos dice:
“Uno de los géneros que ha canalizado con mayor soltura este vínculo dialogante con el Quijote en Latinoamérica es el relato breve y la minificción”.
Sumergidos en ese tesoro que son lo MicroQuijotes de Epple, comparto algunos de esos relatos desde la imaginación de microcuentistas latinoamericanos. Por ello invito a disfrutar “nuevos entuertos» junto al Manchego Hidalgo, hospedado ya en la vastedad de la cuentística latinoamericana.
David Lagmanovich (Argentina)
La mano
No la había perdido, pero le había quedado inútil como una flor tronchada. El soldado la miró con lástima y se preguntó qué podría hacer ahora con ella. Luchar contra los infieles ya no, pues le haría falta la fuerza de las dos manos. Necesitaba buscar otro camino y encontrar una fortaleza nueva, se dijo. Pensó entonces en escribir un libro y entrevió que eso podría otorgarle alguna nombradía. ¿Conseguiría el favor del Conde de Lemos? ¿Protegería este alto señor al desconocido soldado Miguel de Cervantes? Nada se perdía con probar. (Revista Ekuóreo).
Mi apunte: esta anécdota es la resiliencia desde la mano izquierda tullida, que da paso de soldado a escritor y buscará al mecenas para el nacimiento del genio literario.
Lilian Elphick (Chile)
Doble personalidad
—Dime Sancho, ¿quién es Don Miguel de Cervantes Saavedra?
—El autor de vuestras aventuras, mi señor.
—¡El autor de mis aventuras soy yo! ¡Dónde está ese hombre para acusarlo!
—En la cárcel, mi buen señor.
—¿Qué? ¿Ya ha sido condenado por plagio?
—No, mi señor.
—Entonces, ¿por qué? ¡Vamos, habla hombre, que no tengo todo el día!
—Pues, por falsificación de identidad. Dice ser don Quijote de la Mancha.
—Qué confusión me has creado, Sancho. Te prohíbo que hables más del tema.
—Sí, don Miguel.
Mi apunte: En el MicroQuijote de Lilian Elphick, hay un diálogo directo con Don Quijote de la Mancha. Entre el humor y la paradoja, parece decirnos que el personaje no existiría sin el autor.
Marco Denevi (Argentina)
La mujer ideal no existe
Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difunto don Quijote le había hecho de Dulcinea.
Verde de envidia, Dulcinea masculló:
—Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puedo asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.
Mi apunte: Un conflicto entre realidad e ideal. Con voz propia y sentimientos mundanos, Dulcinea irrumpe en la intertextualidad de su propio «yo» idealizado.
Juan Armando Epple (Chile)
Don Aldonzo
Cuando don Quijote supo que Aldonza Lorenzo venía a visitarlo, se fingió cuerdo y anunció que desde hoy en adelante se llamaba Alonso Quijano.
En los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño, dijo.
Sancho anunció alarmado que su amo se negaba a salir a correr nuevas aventuras. Pero Aldonza entendió otra cosa.
Mi apunte: El refrán «En los nidos de …” es una cita directa del texto cervantino. Don Quijote la usa para justificar su transformación de vuelta a Alonso Quijano, marcando una ruptura definitiva con su etapa de caballero andante.
Geraudí González Olivares (Venezuela)
Espejismo
Aldonza Lorenzo entiende que su destino no va más allá de una aburrida y laboriosa vida, lavando ropa todo el día. Lo que no comprende es cómo la corteja un caballero andante que insiste en convertirla en una hermosa y fina dama.
Dulcinea del Toboso entiende que su vida es permanecer enclaustrada en medio de una élite respingada y sosa. Lo que no comprende es cómo su pretendiente, un simple hidalgo, intenta convertirla en una ordinaria lavandera con una vida trabajosa y monótona.
(Revista Brevilla)
Mi apunte:En el MicroQuijote de Geraudí González ocurre un giro irónico: Dulcinea, con conciencia propia se siente atrapada en la nobleza y ve el intento de un simple hidalgo por «ennoblecerla» creando el espejismo.
Pablo Montoya Campuzano (Colombia)
Alonso Quijano
Estas no son comarcas de castillos. Tampoco reinos donde se reclamen mi voz y mi espada. La muchacha de la aldea ya no está. Atrás no escucho la palabra fiel del escudero. Lo que hay aquí es una bicicleta, bajo una luz huérfana de fuego. Así se llama, porque un hombre nos ha dicho. Se ha metido las manos en sus ropas raras y ha repetido, ausente, esto es una bicicleta. Y ha seguido sin preguntarnos por nuestro rumbo, sin siquiera mirarnos.
Es mejor así. Acaso yo no hubiera podido responderle. La luz hostiga y le digo a Rocinante que continuemos. Como una exhalación, nuestras sombras se dispersan en la noche.
Mi apunte: Pablo Montoya nos coloca ante un choque cultural y temporal. El caballero andante arrancado de su contexto (la Mancha del siglo XVII) y arrojado a un mundo contemporáneo que no reconoce y que, lo que es peor, lo ignora.
Armando José Sequera (Venezuela)
¿Qué te parece, Zoraida?
Ya que los imanes rechazaron la edición de mi libro, por considerarlo impío,
¿Qué te parece, Zoraida, si tu Cide Hamete viaja a Madrid y lo publica, haciéndose pasar por el soldado manco que, alojado en nuestra casa de Argel, murió el mes pasado?
Mi apunte: El minicuento de Armando Sequera suplanta la identidad como estrategia de supervivencia literaria, planteando una historia alternativa para evadir la censura de los imanes.
«Reflexión final de esta travesía del Ingenioso Hidalgo por América”
“Podríamos concluir, entonces, que el carácter del minicuento es un género experimental, debido, al juego intertextual indispensable para conseguir la brevedad y la condensación de la anécdota”, según la venezolana Violeta Rojo en su Breve manual para reconocer minicuentos. (acaso los cuentistas latinoamericanos juegan a la intertextualidad con el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha)



