Este libro, El ecologista de derechas, parte de una constatación elemental: la preocupación por el medioambiente ha dejado de ser un terreno común para convertirse en uno de los campos más politizados y beligerantes del debate público contemporáneo. Desde hace tiempo, cada uno de los grandes retos medioambientales de nuestra época (la degradación del clima, la pérdida de biodiversidad, la polución de los espacios naturales, etcétera) ha dejado de abordarse técnicamente como una cuestión científica para convertirse en un encendido campo de batalla ideológico. Lo que en sus orígenes era un envite que exigía respuestas técnicas y acuerdos transversales ha sido fagocitado por una lógica maniquea de bloques. «El ecologista de derechas» (Ed. Deusto) es un ensayo de los economistas Toni Timoner y Luis Quiroga que se presenta como un conjunto de soluciones azules para un planeta verde.
Exponen que la izquierda ha usurpado el ecologismo en general, y el cambio climático en particular, como uno de los ejes vertebradores de su proyecto político, y lo ha orientado hacia una crítica estructural del capitalismo, la expansión del intervencionismo estatal y una política multicultural que desborda el ámbito ambiental. Frente a ello, la derecha ha oscilado entre la indiferencia, la reticencia y, en los casos más extremos, la negación del cambio climático y su origen antropogénico. El resultado es que, en las últimas décadas, la causa ecologista ha quedado asociada, en el imaginario colectivo, a la agenda progresista y sus planteamientos polarizados. Esta identificación ha condicionado el discurso público, donde se espera que un dirigente de izquierdas abrace con convicción el ambientalismo, mientras que de uno de derechas se espera, si no hostilidad, que al menos guarde cautela. Justicia climática, emergencia ecológica… Esta polarización ha consolidado una falsa dicotomía: o bien se es ecologista y de izquierdas, o bien se es de derechas y se mira la causa ambiental, en el mejor de los casos, con gran sospecha. A su juicio, se trata de una disyuntiva simple y empobrecedora, que ni permite avances ni tampoco facilita consensos.
Ecología e ideología
Muchos referentes del pensamiento progresista han reconocido abiertamente que su enfoque climático es inseparable de una ambición ideológica. El lector no va a encontrar en estas páginas una caricatura sino todo lo contrario. Los autores explican un relato político que concibe la sostenibilidad como un proyecto de reestructuración social y política que como ideas al servicio de una precisión técnica. También muestran soluciones reales ante los retos medioambientales, alejadas de una pedagogía del sacrificio, de una legislación y fiscalidad contra las clases medias y de una acumulación de prohibiciones, gestos simbólicos y reproches morales.
Defienden una política climática que no se construya contra la mayoría social a la que pretende implicar. Si quiere ser duradera, debe empezar en lo concreto —en el recibo, en el coste de la energía, en la seguridad del suministro— y terminar en el clima, no al revés. Sostienen que estamos frenando el cambio climático gracias al capitalismo, no a pesar de él: la reducción real de emisiones ha venido de la innovación tecnológica, los incentivos económicos y la inversión privada, no del decrecentismo y la hiperregulación. En este libro nos recuerdan, por último, que cuidar el mundo que hemos recibido en usufructo y mejorar esa herencia para nuestros hijos es una forma adulta de patriotismo.



