Lo que comenzó como una «sintonía total» para organizar el Mundial 2030 entre España, Marruecos y Portugal, se ha transformado en una guerra fría en los despachos. Según revela hoy Vozpópuli, en el seno de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) el nerviosismo es absoluto: existe un «miedo real» a que España pierda la sede de la gran final en favor de nuestro vecino del sur.
Casablanca saca músculo: 115.000 asientos
Marruecos no se anda con chiquitas. Mientras España daba por hecho que el nuevo Santiago Bernabéu sería el escenario del último partido, Rabat ha movido ficha con el Estadio Hassan II. Este recinto, proyectado para albergar a 115.000 espectadores, superaría con creces las 90.000 butacas del feudo blanco.
Aunque la FIFA no solo valora el aforo —sino también infraestructuras, seguridad y logística—, el despliegue marroquí está dejando en evidencia la falta de una estrategia de Estado clara en España.
El factor geopolítico
La clave del giro de guion no solo está en el césped, sino en los despachos de Washington. Tal como apunta Vozpópuli, la creciente distancia diplomática entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la administración de Donald Trump está pasando factura.
- Sintonía Rabat-Washington: Mientras las relaciones con España se enfrían, Marruecos y EE. UU. estrechan lazos militares y económicos.
- La conexión Infantino: La excelente relación personal entre Gianni Infantino (FIFA) y Donald Trump podría ser el factor que incline la balanza. Si Washington apuesta por Marruecos como socio prioritario en el Magreb, la final del Mundial es una moneda de cambio de un valor incalculable.
Aviso de la RFEF
La preocupación ha saltado ya al plano público. Rafael Louzán, presidente de la RFEF, ha lanzado un mensaje directo al Ejecutivo de Sánchez pidiendo más implicación: «En Marruecos manda uno solo y aquí mandamos bastantes», subrayó, señalando la agilidad ejecutiva del país vecino frente a la burocracia y la falta de liderazgo en el proyecto español.
Con un presupuesto de reforma en sedes como Valencia o Zaragoza que alcanzará los 2.500 millones de euros, perder la final sería un golpe económico y de prestigio devastador para los intereses nacionales.



