El Palau de Pedralbes se vistió de gala para acoger la entrega de los Premios Nacionales de Gastronomía, organizados por la Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición. Más de 550 asistentes participaron en una velada que incluyó una cena conjunta elaborada por los chefs Romain Fornell y Òscar Manresa.
Jaume Subirós
El premio de Gastronomía Tradicional fue otorgado a Jaume Subirós, considerado una figura clave del histórico Motel Empordà de Figueres y una referencia destacada de la cocina catalana.
Subirós inició su carrera con solo 12 años bajo la dirección de Josep Mercader y, durante la ceremonia, puso en valor la continuidad del proyecto y el relevo generacional dentro de su familia y equipo. Defendió una cocina basada en el producto y el territorio, afirmando: “De cocina solo hay un tipo: de buena. De producto y de la tierra”.
Raül Balam Ruscalleda
El premio de Gastronomía de Autor fue concedido a Raül Balam Ruscalleda, chef del restaurante Moments del Hotel Mandarin Oriental de Barcelona.
El cocinero recibió el reconocimiento con emoción y sorpresa, y reconoció la presencia del “síndrome del impostor” a pesar de su larga trayectoria profesional. Defendió la cocina de temporada y la conexión con el territorio, subrayando la importancia de cuidar el mar, la huerta y la ganadería, y destacó el impulso de la nueva generación de cocineros en Cataluña.
Homenaje a Carles Vilarrubí
El Premio Especial de esta edición fue para Carles Vilarrubí, expresidente de la Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición desde 2016 y figura clave en su modernización.
La institución destacó su visión de servicio público y su papel en la consolidación de la entidad como referente gastronómico. Tras su fallecimiento, el galardón se convirtió en un homenaje a su legado, y se anunció que el premio llevará su nombre.
Continuidad institucional
Durante el acto también se recordó el relevo en la presidencia de la Academia, asumida por Joan Font Torrent, quien continuará la línea de trabajo iniciada en los últimos años.
La ceremonia se cerró con un ambiente festivo que reafirmó la importancia de la gastronomía catalana como motor cultural y social del país.







