Me comentaba hace unos días un amigo que el yacimiento de la corrupción que rodea a Pedro Sánchez ha alcanzado tal grado de complejidad que ya no basta con el folleto gratuito para abrirse paso por sus laberínticos pasillos y corredores y resulta imprescindible contratar a un guía profesional para no acabar perdido. La alusión a los yacimientos viene como anillo al dedo porque cada día que pasa y progresan las excavaciones de Abapuerca (en honor a Ábalos) se recuperan más y más figuras sepultadas en los sedimentos del sanchismo. En la primera galería, a medio excavar, ocupa un lugar destacado la figura congelada en el tiempo de Ábalos exhortando a los diputados en el Congreso a poner fin a la corrupción el 1 de junio de 2018. Otra de las piezas estrella de esta galería es la imagen cerúlea de Koldo introduciendo unas papeletas en una urna mientras Cerdán, metamorfoseado en amorcillo alado, le susurra al oído “que no te vean”.
Leire Díez, periodista de investigación
Uno de los últimos hallazgos realizados en Abapuerca es una escultura de Leire Díez, con su bolsón en bandolera, entrando en la sede de Ferraz. Los arqueólogos apuntan a que la diligente socialista habría sido la lugarteniente de una banda organizada por Cerdán y financiada (presuntamente) con dinero del PSOE, para desactivar y hacer descarrilar las investigaciones y procedimientos judiciales comprometedores para el PSOE y la familia de Pedro Sánchez. La llamada fontanera del PSOE y sus compañeros de cruzada prometían pagos en metálico, ascensos laborales y tratos de favor con la fiscalía a potenciales informantes a cambio de informaciones comprometedoras sobre jueces, fiscales y mandos de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.
En su primera comparecencia pública el 5 de junio de 2025, realizada pocas horas después de reunirse con Cerdán y solicitar la baja voluntaria del partido, Leire se presentó como una periodista de investigación y justificó sus ‘andanzas’ como parte de un proyecto de varios años para recopilar información destinada a publicar un libro “que versará sobre los estragos del falso patriotismo que tendrá que ver también, como ya he dicho en ocasiones, con la trama de los hidrocarburos”. Toda una periodista dedicada en cuerpo y alma a sacar la verdad a la luz. La fontanera entregó a Cerdán junto con el carnet del partido una memoria USB de la que supongo ambos habrán guardado copia en lugar muy seguro para acreditar la estricta profesionalidad de la relación existente entre la periodista de investigación y el secretario de organización del PSOE. No deja de ser curioso que Cerdán no tardó en seguir sus pasos y presentó también su dimisión como secretario de organización del PSOE el 12 de junio, apenas una semana después de reunirse con Leire, al aparecer como investigado en otra trama criminal dedicada a amañar adjudicaciones de obras y cobrar mordidas.
¿Una militante más?
Pese a los esfuerzos de Ferraz para desvincularse de la fontanera y amenazar con querellarse contra quien mantenga lo contrario, resulta innegable que Leire Díez no era una de tantas militantes anónimas que acude por su cuenta a los mítines del partido y se hace por casualidad una foto con el idolatrado secretario general, sino una persona con vínculos muy estrechos con altos cargos del PSOE. Aunque los líderes del partido han venido sosteniendo que Díez nunca había mantenido una relación laboral con el PSOE, se ha confirmado que la abnegada militante recibió cerca de 45.000 euros del partido por trabajos de asesoría en comunicación nunca acreditados entre 2015 y 2017, un periodo que da la casualidad de figurar en blanco en el historial laboral de Díez en la Tesorería de la Seguridad Social.
Tras la llegada de Sánchez a la Moncloa el 1 de junio de 2018, Díez pasó a desempeñar puestos de mayor responsabilidad a nivel nacional. Primero y “tras el pertinente proceso de selección” fue contratada como asesora de comunicación en la empresa pública ENUSA entre octubre de 2018 y diciembre de 2021, y percibió al menos 107.830 euros de la Empresa Nacional de Uranio”. Según The Objective, “durante el tiempo que pasó en la empresa pública tuvo una actividad limitada: cuatro notas de prensa en 2020 y ocho el anterior.” Casi sin solución de continuidad, Díez pasó ocuparse de las relaciones institucionales de la Vicesecretaría General y del Consejo en la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos en febrero de 2022 y posteriormente fue nombrada directora de Relaciones Institucionales, Filatelia, Estudios y Futuro de Correos, puesto que ocupó hasta febrero de 2024. Pocos militantes de base han tenido una trayectoria tan rutilante como la abnegada Leire Díaz.
Llegados a este punto conviene preguntarse quiénes eran los padrinos que impulsaron la meteórica carrera de Diez en Madrid. El primero, Vicente Fernández Guerrero (Fernández), llegó de Andalucía de la mano de Montero, la ministra de Hacienda de Sánchez hasta hace unos meses, que lo nombró presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). En el caso de Correos, el presidente de la entidad en febrero de 2022 era Juan Manuel Serrano Quintana, uno de los principales impulsores, junto con su mujer la diputada del PSOE Isaura Leal, Ábalos y Cerdán, de la campaña de Sánchez para recuperar la secretaria general del PSOE en 2017. Serrano ocupó la presidencia de Correos desde julio de 2018 hasta diciembre de 2023 y Leire dejó la dirección en la empresa dos meses después. Que una persona tan cercana al presidente, Serrano, que había sido jefe de gabinete de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE desde 2014 hasta julio de 2018 recolocara a Díez en Correos vendría a corroborar la alta estima en que Ferraz tenía los servicios de la fontanera.
Las andanzas de Fernández y su relación con Montero resultan también muy esclarecedoras e instructivas. Obligado a dejar la presidencia de la SEPI transitoriamente en octubre de 2019 al ser citado como investigado en el caso Aznalcóllar, fue contratado por la empresa Servinabar, propiedad de Antxon Alonso y Santos Cerdán, y terminó su brillante trayectoria siendo detenido por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil el 10 de diciembre de 2025, junto con Leire Diez, “por presuntas irregularidades en contrataciones públicas”, un caso judicial completamente distinto de la trama de acoso a jueces, fiscales y miembros de la UCO por la que también se investiga a la fontanera. Tras su detención, la vicepresidenta Montero se desmarcó de Fernández con quien dijo no haber tenido ningún contacto “desde que abandonó la SEPI en 2019”. Sin embargo, un testigo confirmó que Montero y Fernández, interventor de la Junta de Andalucía con Montero, compartieron algo más que un desayuno en un hotel del Cabo de Gata en agosto de 2021.
Otra decepción más. ¿Cuántas van ya?
Tras muchos días de silencio, el presidente tuvo a bien atender a los medios de comunicación a su llegada al cónclave de mandatarios de la UE celebrado en Montenegro el pasado 5 de junio, y manifestó antes de que ningún periodista le preguntara sobre el caso Leire que las noticias conocidas estos días le habían producido decepción, preocupación e indignación, para añadir a renglón seguido que “nunca he conocido ni nunca se me ha informado sobre las andanzas de la Sra. Leire Díez”, y “si no se ha hecho -remachó-, es precisamente porque nunca las habría tolerado”. Ya ven, ustedes, sus dos secretarios de organización están acusados de graves delitos y hay bastantes altos cargos del Gobierno y el PSOE que pueden ser imputados en los próximos meses, pero Sánchez se siente decepcionado, preocupado e indignado porque de haber conocido las andanzas de todos ellos nunca las habría tolerado.
Estamos, vino a decirnos Sánchez, ante casos de corrupción aislados que una oposición marrullera se encarga de inflar para derribar al mejor y más democrático gobierno que ha tenido España. La respuesta de Ferraz y del Gobierno al caso de Leire sigue el mismo patrón diseñado por Sánchez desde Moncloa para afrontar los casos anteriores: achacar los primeros indicios a la ‘fachosfera’; desvincularse del caso cuando los indicios se confirman y ni siquiera los medios de comunicación afines al sanchismo pueden desvirtuarlos; mostrar decepción e indignación en público contra los garbanzos negros que manchan la imagen del partido y del Gobierno: y alardear de haber actuado con contundencia contra los corruptos. Cuando la estratagema de poner distancia de los investigados no resulta apropiada, como ocurre en los casos de García Ortiz, David Sánchez y Begoña Gómez, se procede a poner en duda la neutralidad y honradez de los jueces.
El ministro Oscar López ha afirmado esta misma semana, dirigiéndose expresamente al Supremo que “hay jueces que prevarican” y lo hizo en la entrega de los premios Público que en esta ocasión premiaban nada más y nada menos a García Ortiz, el fiscal general condenado precisamente por el Tribunal Supremo por desvelar datos de un contribuyente y que posiblemente filtró esa información a Sánchez Acera, entonces jefa de gabinete de López en Moncloa. A esto hemos llegado: un diario afín al régimen sanchista premia a un delincuente y un ministro de Sánchez ataca al Tribunal que lo condenó. El problema es que la estrategia seguida por el PSOE y el gobierno, repetida una y otra vez desde que Ábalos cayó en desgracia y fue expulsado del PSOE ha fallado estrepitosamente y la unidad de quemados está llena de ministros y líderes socialistas que pusieron la mano en el fuego por los corruptos caídos por Sánchez y las cloacas del PSOE.
Aunque la inmensa mayoría de los españoles estamos convencidos de que el N.º 1 conocía las (presuntas) tramas de corrupción protagonizadas por Ábalos, Koldo, Cerdán, García Ortiz, Zapatero y Díez, desde Ferraz, los Ministerios, la SEPI y la Fiscalía General del Estado, ninguno de los principales investigados se ha decidido a tirar de la manta. De momento, se han limitado a hacer algunos amagos y advertencias dirigidos a Sánchez y altos cargos del partido. “Yo también puedo hablar”, le espetó Díez a Narbona, la presidenta del PSOE que se sienta a la derecha del N.º 1 en la comisión ejecutiva del PSOE. No obstante, las conversaciones intervenidas, los documentos incautados y las agendas de los protagonistas proporcionan una idea de la enorme dimensión alcanzada por las tramas de corrupción institucional que cercan a Sánchez desde el 1 de junio de 2018. Tal es su magnitud, que me atrevo a afirmar que casi cualquiera de los investigados dispone de información que podría hacer caer al presidente Sánchez en cuestión de horas.
Hubo un tiempo en que los políticos profesionales en los países democráticos parecían sentirse preocupados, claro está, pero también acongojados y hasta avergonzados cuando delinquían y eran descubiertos con las manos en la masa, y parecían aceptar con cierta resignación el veredicto de los tribunales. Las presuntas tramas de corrupción que cercan al PSOE y a los gobiernos de Sánchez desde el inicio de la XV Legislatura indican que esta actitud ha cambiado radicalmente en la política española. Los políticos y servidores públicos al servicio del PSOE de Sánchez destruyen sin ningún rubor las evidencias que los incriminan, sacan pecho tras hacerlo y se declaran inocentes, aunque subsistan innumerables pruebas en su contra, y cuando las cosas se ponen feas acaban por cuestionar la honradez de los jueces que los juzgan. Y las más altas instancias del PSOE y el Gobierno los defienden y amparan hasta que la acumulación de pruebas les lleva a tomar una prudente distancia, cuidándose, eso sí, muy mucho de no provocar sus iras.
Nadie puede creerse que todos los lugartenientes de Sánchez eran presuntos corruptos y el jefe de la banda nada sabía. Estos días hemos vuelto a escuchar al presidente Sánchez decir que se siente decepcionado, preocupado e indignado, culpar a la oposición marrullera de sus problemas judiciales y acusar a los jueces de tener dos varas de medir. Pero los ciudadanos nos preguntamos de ser Sánchez una víctima, no el jefe de la banda, ¿por qué recuperó a Ábalos, cuya cercanía echaba tanto de menos y lo incluyó en las listas del PSOE el 23 de julio de 2023? ¿Por qué el PSOE pagó las defensas de Ábalos y Koldo si tanta indignación le había causado sus tramas corruptas? Y, ¿por qué no se ha personado en las causas abiertas a sus lugartenientes y escuderas como García-Paje le reclama? La única respuesta creíble es que la única oportunidad de Sánchez de escapar a la acción de la justicia es comprar su silencio para mantenerse como presidente y movilizar todos los instrumentos del poder ejecutivos para no acabar como Ábalos, Cerdán y Zapatero: imputado.



