El inicio de la pretemporada bajo el sol inmisericorde de agosto y las noticias sobre los rumores de posibles fichajes no son un buen sustituto de las emociones vividas con tanta intensidad por los aficionados al fútbol hasta la gran final del pasado domingo en que los futbolistas de España destronaron a una Argentina rácana, marrullera y sin ideas. Así que tras el fogonazo de la victoria toca volver a la rutina y a ocuparnos de las miserias cotidianas que están diezmando las filas socialistas. Cada día que pasa se engrosa la lista de imputados y la de ingresados en la unidad de quemados y uno duda entre ocuparse del ‘inocente’ expresidente Zapatero y las “cortesías personales” que guardaba celosamente en una caja fuerte despacho sin afán de patrimonio, comentar la última torpeza del juez Peinado a vueltas con el pasaporte de Begoña, o comentar a las investigaciones de los jueces Calama, Moreno y Pedraz de la Audiencia Nacional sobre las cloacas y las finanzas del PSOE.
Todos estos asuntos de calado van para largo y tiempo tendremos de ocuparnos del agónico final del sanchismo cuando el calor nos dé un respiro, un final anticipado también por el abandono del pesebre en busca de mejores pastos de las vicepresidentas Calvo, Calviño y Ribera, las más listas de la clase, a las que pretende emular ahora la vicepresidenta Yolanda Díaz tras comprobar que ya no suma nada ni dentro ni fuera del gobierno. Vamos a darnos también un respiro para ocuparnos de una pieza menor, Diana Morant Ripoll, ministra de Ciencia e Innovación desde julio de 2021, una de tantas ministras sanchistas, completamente desconocida para el 70 % de los españoles, según el CIS después de ejercer de ministra durante 5 años, tal vez por ocupa una cartera prácticamente sin funciones al estar transferidas las competencias educativas a las Comunidades Autónomas.
Otra de Argentina
El motivo para ocuparse de la ministra Morant son las muy muy desafortunadas palabras que le dirigió la ministra al líder del partido más votado en las últimas elecciones que, según la mayoría de las encuestas podría volver a ganar las próximas elecciones cuando a Sánchez tenga a bien convocarlas. “Yo creo -dijo Morant- que Alberto Núñez Feijóo se equivoca, pero está dibujando un camino que se parece cada vez más, pues a estos gobiernos criminales como el de Hitler”. Para ser ministra de Ciencia, Innovación y Universidades su capacidad oratoria deja tanto que desear que hasta un hombre tan ilustrado como Patxi López, portavoz del grupo socialista en el Congreso que abandonó a los 28 años sus estudios de ingeniería industrial, se desmarcó de la ingeniera en telecomunicaciones porque, comentó a los periodistas, “no me gusta, no es mi estilo”.
Si tuviera que resumir en pocas palabras mi opinión sobre las palabras de la ministra Morant diría: “no da más de sí”. Y si tuviera que hacer una valoración algo más extensa diría que, como docente e investigador universitario durante varias décadas, me avergüenza que desempeñe la cartera de Ciencia, Innovación y Universidades porque la responsabilidad le queda muy, muy grande. Nadie está capacitado para impulsar la docencia universitaria, el avance científico y la innovación cuando casi nada sabe y casi todo ignora sobre unas materias tan complejas y a la vez tan importantes para promover el progreso económico y el bienestar social. Lo que sí se puede afirmar es que Morant puede decir bobadas tan sublimes como que “hacer que la ciencia mire y escuche a las mujeres no es solo una prioridad científica: es una cuestión de igualdad y de justicia social”. Si a quien así piensa se le encarga establecer las prioridades científicas, vamos por muy mal camino. Le sobra a Morant verborrea populista y le falta la humildad y la clarividencia que proporcionan la profesionalidad y la acumulación de conocimientos sólidos durante años.
Poco I+D, mucha política
Nació Morant en 1980 y tiene ahora 46 años. Terminó sus estudios de Ingeniaría en Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Valencia en 2007, esto es, a los 27 años e inició su andadura profesional en una empresa de su ciudad natal, Gandía. Según un diario afín al régimen sanchista (diario.es), Morant “desarrolló el Proyecto Final de Carrera en la empresa Fermax Electrónica SAE, de octubre de 2006 a abril de 2007 [y] trabajó en el departamento de I+D como ingeniera de desarrollo en la empresa Alhena Ingeniería entre mayo de 2008 y febrero de 2011”. Al leer esta información uno se queda con la impresión de que Alhena Ingeniería es una potente empresa con varios departamentos y la recién graduada Morant se incorporó al departamento de I+D de una empresa de campanillas nada más terminar sus estudios universitarios.
La realidad es bastante más prosaica. Alhena Ingeniaría es una empresa cooperativa, cuyo
nombre completo es Alhema Ingeniería Coop V, localizada en Almoines (Valencia), fundada en 2003 y dedicada a la consultoría informática y a la distribución de INSTEON, “un sistema para conectar interruptores de iluminación y de cargas sin necesidad de cableado adicional”. Aunque diario.es traslada la impresión de estar ante una empresa con varios departamentos al que se incorporó la futura ministra en mayo de 2008, la información disponible en la web indica que estamos ante una cooperativa con un capital modesto, 120.994 €, fundada por tres ingenieros en 2003 que “cuenta con un departamento de informática para el desarrollo de APP´s, trabajando en soporte Windows y Android” y “es distribuidor en España de la Domótica INSTEON”. A la pregunta de cuántos trabajadores figuran en la empresa, la respuesta de la red es que “cuenta actualmente con un equipo de 2 empleados y está gestionada por 2 administradores”, y el último informe de cuentas anuales depositado se remonta a 2010. En todo caso, esta información sugiere que la empresa a la que se incorporó Morant 2008 era una empresa muy modesta con una actividad investigadora necesariamente muy limitada. De hecho, la página de LinkedIn de Alhena Ingeniería “no tiene publicaciones recientes”, prueba clara de su escasa actividad.
La futura ministra Morant permaneció en Alhena Informática entre mayo de 2008 y febrero de 2011, un lapso de tiempo excesivamente breve para haber “desarrollado su experiencia laboral en este campo en diversos proyectos de I+D+I” (¿cuáles?) y haber adquirido “la disciplina y el rigor de la investigación”, dos rasgos que subraya Morant en la nota autobiográfica de su página de LinkedIn. Tanto le estimulaba la investigación que tres años después de haberse licenciado y dos años y medio después de haberse incorporado a Alhena Informática, Morant empezó su andadura política movida “por vocación de servicio público y amor a mi ciudad (Gandia, Valencia)” y desde sus primeros pasos en política dice haber “mantenido presente un objetivo: trabajar duro para mejorar la vida de las personas”.
Muy pronto, en mayo de 2011, la ingeniera resultó elegida concejal en el Ayuntamiento de Gandía, un punto de inflexión en su fulgurante carrera política. Inicialmente la concejal se ocupó del área de Educación y fue co-portavoz del grupo municipal socialista hasta que en 2015 se convirtió en alcaldesa de Gandía al ganar una moción de censura respaldada por los 5 concejales de Mes Gandía y el solitario concejal de Ciudadanos. En julio de 2021, Sánchez la llamó para ocuparse de la cartera de Ciencia e Innovación aprovechando la remodelación del Gobierno en la que fue cesado el ministro Ábalos y que fue interpretada como una victoria política de Ximo Puig, entonces presidente de la Comunidad Valenciana. Finalmente, tras las elecciones generales de julio de 2023, la ministra asumió también la gestión de las Universidades y pasó a ser ministra de Ciencia, Innovación y Universidades.
Le va muy grande el puesto
Quizá algunos de ustedes pensarán que soy un tanto elitista, pero sencillamente es que no veo en la trayectoria profesional de Morant ningún mérito que la haga merecedora de ocupar la cartera que gestiona nada menos que las competencias en Ciencia, Innovación y Universidades. En todo caso, su trayectoria palidece al compararla con la de su antecesor al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, ingeniero aeronáutico con una experiencia profesional impresionante en el ámbito espacial. Y es que, aunque la gestión universitaria esté transferida a las Comunidades Autónomas, las otras dos áreas del Ministerio, Ciencia e Innovación, tienen el suficiente peso como para poner al frente del mismo a una persona con una carrera profesional sólidamente acreditada. Quizá la licenciada en ingeniería daba la talla para abordar los problemas educativos en Gandía, pero no la da cuando se trata de marcar el rumbo de la orientación científica y la innovación en la cuarta economía de la Unión Europea.
La descabellada comparación de las supuestas inclinaciones racistas y dictatoriales de Feijóo con Hitler da una idea bastante precisa de la poca cordura y escasos conocimientos, no ya científicos sino simplemente históricos, de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades. Puestos a utilizar su métrica y propensión a infamar a los adversarios políticos, lo equivalente en este caso sería asociar el Gobierno del que forma parte con las criminales políticas de Stalin puesto que el Partido Comunista de España forma parte de la coalición Sumar, y con los terroristas de ETA puesto que EH Billdu ha sido socio preferente de los gobiernos de Sánchez desde el 1 de junio de 2018. Para terminar de arreglar el asunto Morant ha echado mano de toda su finura analítica y nos ha dejado otra perla: “es una reflexión que no hago yo, la hacen la ciencia y la historia”, e insiste en que “hice una reflexión: los gobiernos nazis también empezaron con políticas racistas”. Hasta donde sé, Feijóo no escribió Mein Kampf (Mi lucha), así que, por favor, ministra no ‘reflexione’ más por su cuenta y no trate de cargar el muerto a la Ciencia y a la Historia.



