El presidente del grupo municipal del PP en Barcelona, Daniel Sirera, ha exigido este jueves al alcalde Jaume Collboni que deje de “proteger” a los okupas de Can Vies y convierta el edificio en un equipamiento para el barrio de Sants, tal y como se aprobó hace un año en la Comisión de Urbanismo. La polémica llega después de que el colectivo okupa haya anunciado fiestas y conciertos para los próximos días 22, 29 y 30 de mayo con motivo del 29 aniversario de la okupación del inmueble.
“El Ayuntamiento no puede seguir mirando hacia otro lado mientras los okupas campan a sus anchas”, ha denunciado Sirera. El dirigente popular considera “intolerable” que, un año después de aprobarse la conversión de Can Vies en equipamiento municipal, el espacio siga funcionando bajo control del colectivo okupa “como si fueran los propietarios”.
Fiestas y conciertos bajo sospecha
El líder popular ha reclamado al gobierno municipal que aclare si las actividades previstas cuentan con autorización y ha criticado la celebración de eventos “sin permiso, con música, venta de alcohol, ruido y ocupación del espacio público”.
“No puede haber barra libre para quienes incumplen sistemáticamente las normas de convivencia”, ha afirmado Sirera, quien sostiene que los vecinos de Sants vuelven a ser “los perjudicados de siempre”.
El dirigente del PP también ha pedido la presencia permanente de la Guardia Urbana durante los días convocados por el colectivo okupa para “evitar altercados y garantizar el derecho al descanso y la convivencia vecinal”.
Críticas a Collboni y al gobierno municipal
Sirera ha acusado además al Ayuntamiento de actuar con doble rasero. “Mientras el gobierno municipal impone horarios a los vecinos que pasean al perro desatado en la Rambla de Sants, tolera que los okupas organicen fiestas ilegales en un edificio en ruinas”, ha criticado.
El presidente del PP en Barcelona también se ha hecho eco de las quejas vecinales recibidas por su grupo municipal. Según ha explicado, varios residentes denuncian que el colectivo okupa continúa apropiándose del espacio público para realizar un uso “sectario, excluyente y privativo” incompatible con una ciudad “abierta” como Barcelona.



