La amnistía que debía reconciliar y el “ho tornarem a fer” de los amnistiados

Puigdemont, Junqueras e Illa

En su día defendí el indulto de las penas de cárcel . Pero siempre me opuse a la amnistía por razones jurídicas pero, sobre todo, por razones políticas: eliminar el delito era dejar el terreno abonado para repetirlo. Y en eso estamos. La amnistía ha servido para que Sánchez haya gobernado, para que Illa sea presidente, pero no ha cerrado nada, tan sólo ha sido un paréntesis que toca a su fin y del que los independentistas salen reforzados.

La Ley Orgánica 1/2024 de amnistía se aprobó con una finalidad explícita: la “normalización institucional, política y social de Cataluña”. Tanto su preámbulo como las sentencias del Tribunal Constitucional que la han avalado (en particular la STC 137/2025 y las posteriores que ordenaron aplicar el perdón a la malversación) insisten en que su propósito es reducir la tensión generada por el procés y facilitar un escenario de reconciliación.

El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha convertido ese argumento en el centro de su discurso. Tras la aplicación efectiva de la norma por el Tribunal Supremo a Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva y Dolors Bassa, Illa afirmó en el Parlament que “Cataluña cierra una etapa y abre un futuro nuevo” y que se trata de “un triunfo de todos, sobre todo de la convivencia”. En sus mensajes públicos ha repetido la misma idea: “Gana la política sobre la judicialización, el acuerdo sobre el bloqueo y el futuro sobre los conflictos del pasado”. “Cataluña continúa avanzando en la normalización política, social e institucional. No hay marcha atrás”.

La portavoz del Govern, Sílvia Paneque, ha utilizado un lenguaje similar: la amnistía fue concebida “en beneficio del conjunto de Cataluña, de todos los catalanes, en términos de cohesión, reencuentro y sobre todo de iniciar una etapa de normalización”.

La respuesta de los amnistiados

Frente a este relato, los principales beneficiarios de la ley han mantenido un discurso radicalmente distinto. No hablan de perdón ni de cierre. Hablan de victoria y de continuidad.

El 6 de octubre de 2026, tras el aval del Tribunal Constitucional a la aplicación de la amnistía a la malversación, Carles Puigdemont hizo una declaración institucional desde Waterloo. En ella dejó claro que “en términos de la relación Catalunya-España, hoy no se soluciona nada. La amnistía forma parte de la fórmula para la resolución del conflicto histórico que existe entre Catalunya y España, pero la amnistía no es en sí misma su solución”. Enumeró como principio “irrenunciable” “el derecho a la autodeterminación y a las acciones unilaterales de carácter democrático y pacífico que se den cuando ya se hayan agotado todas las vías e intentos de solución negociada”. Y añadió: “Negar esta evidencia y pretender que vivimos en normalidad, reencuentro y concordia es mentir”.

Días después, en la entrevista con Jordi Basté para el programa Pla Seqüència de La 2Cat, cuando le preguntaron si lo volvería a hacer, Puigdemont respondió sin rodeos: “Ho estic tornant a fer. No he deixat de fer-ho” (“Lo estoy volviendo a hacer. No he dejado de hacerlo”).

Oriol Junqueras ha sido aún más explícito tras la aplicación de la amnistía por el Supremo el 20 de octubre. En una comparecencia conjunta con Romeva y Bassa en la sede de ERC, celebró “un día de victoria, de celebración después de nueve años de represión” y afirmó: “Nos han tenido y nos tienen mucho miedo. Y hacen bien en tenernos lo”. Ha repetido que “el siguiente paso es recuperar el derecho a decidir” y que “sobre el futuro de Cataluña no deciden los tribunales, sino que decide el pueblo de Cataluña”. Tanto él como Turull han insistido en la fórmula: “No es perdón, es justicia”.

Jordi Turull lo resumió así: “Una nueva victoria del independentismo… votar por la independencia de Cataluña no es ni puede ser nunca un delito. No es perdón, es justicia”. El president del Parlament, Josep Rull, ante el regreso de Puigdemont, citó a Lluís Companys: “Volveremos a luchar, volveremos a sufrir, volveremos a vencer”.

El contraste

La amnistía se justificó ante la opinión pública y ante las instituciones como una herramienta de reconciliación y de cierre de una etapa. Los amnistiados la interpretan como la derrota del Estado, como la desautorización de lo que ellos llaman “represión” y como una plataforma desde la que relanzar el derecho a decidir y, si es necesario, la vía unilateral. No hay petición de perdón. No hay renuncia al objetivo independentista. El lema histórico “ho tornarem a fer” reaparece de forma explícita en la boca de quien fue el principal protagonista del procés.

El Tribunal Supremo, al aplicar la ley, ha criticado incluso “la innecesaria grandilocuencia” del Constitucional, pero ha acatado la doctrina. La ley se cumple. Sin embargo, el discurso político de quienes la reciben choca de forma directa con el relato de normalización y reencuentro que mantienen Illa y el Govern.

Conclusión

La amnistía ha cumplido su función política para Sánchez: permitir le gobernar esta legislatura con una mayoría errática pero suficiente para detentar el poder. Para los independentistas además de permitir el retorno de Puigdemont y los demás fugados y la recuperación de los derechos políticos de Junqueras y del resto de condenados. Pero no ha cerrado el conflicto. Lo ha dejado en un nuevo punto de partida, con los protagonistas del procés reafirmados, sin arrepentimiento y con un mensaje claro: lo que hicieron no fue un delito, lo dicen ellos y la ley de amnistía, y, en sus propias palabras, no han dejado de hacerlo.

Francesc Moreno
Francesc Moreno
Abogado y editor. Ha sido profesor de derecho financiero en la UAB y derecho mercantil en la UB. Fundador de cronicaglobal.com y SCC .

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