Comerciantes de Barcelona se preparan con bates de béisbol y tiendas blindadas ante nuevos disturbios de Blocus

Los comerciantes de Barcelona refuerzan la seguridad de sus negocios ante el temor a nuevos disturbios y saqueos de Blocus este sábado

Fachada de Zara en Plaza de Cataluña blindada
Numerosos comercios tienen previsto blindarse ante la posibilidad de nuevos saqueos promovidos por Blocus en el centro de Barcelona.

Los comerciantes del centro de Barcelona se preparan para afrontar una nueva jornada de posibles disturbios este sábado, después de los graves altercados registrados el pasado fin de semana. Algunos negocios han optado por reforzar sus persianas y escaparates, mientras otros se plantean cerrar antes de tiempo o incluso organizar turnos de vigilancia para evitar nuevos saqueos. El temor a que se repitan los incidentes protagonizados por grupos de jóvenes vinculados a las convocatorias de Blocus ha puesto en alerta a los establecimientos de las principales zonas comerciales de la capital catalana.

Según publica La Vanguardia, una de las imágenes más llamativas de los disturbios del pasado sábado fue la de dos trabajadores armados con bates de béisbol para proteger una tienda de ropa deportiva del barrio Gòtic. Su propietaria asegura que no está dispuesta a permitir que vuelvan a destrozar el establecimiento y anuncia que este fin de semana reforzará las medidas de seguridad.

«Y este sábado seremos muchos más, y mejor armados. ¡Estaremos preparados!», advierte la comerciante, que explica que tanto ella como su marido y numerosos empleados dependen económicamente del negocio.

Su intención es abrir con normalidad, ya que se trata de una jornada especialmente importante para las ventas, pero retirar buena parte de la mercancía cuando anochezca, blindar los accesos y organizar guardias hasta la madrugada si resulta necesario.

Persianas reforzadas y escaparates protegidos

La preocupación se extiende por el barrio Gòtic, el paseo de Gràcia, la rambla Catalunya y otras zonas comerciales del centro de Barcelona. Los propietarios de los establecimientos temen que una nueva oleada de violencia provoque daños materiales, robos y pérdidas económicas en uno de los sábados más importantes del otoño.

La situación ha disparado la demanda de medidas de protección. Trabajadores de una empresa especializada en persianas metálicas explican a La Vanguardia que están instalando nuevos sistemas de cierre más resistentes a los ataques vandálicos.

En la calle del Pi, por ejemplo, los operarios trabajan en la colocación de persianas con guías más profundas y cerraduras reforzadas, diseñadas para dificultar que puedan ser arrancadas con palancas.

El objetivo es evitar que se repitan escenas como las del pasado sábado, cuando varios establecimientos sufrieron destrozos y saqueos durante los altercados.

Inseguridad a la hora de hacer compras

La inquietud también afecta a la restauración. Andreu Valldeperas, responsable de la histórica cafetería Zurich, situada en la plaza Catalunya, confirma que el establecimiento abrirá sus puertas, aunque estará preparado para cerrar ante cualquier amenaza. «Este sábado ha de ser uno de los mejores días del año», señala a La Vanguardia. Sin embargo, reconoce que la ubicación del negocio, en uno de los principales escenarios de los disturbios, obliga a extremar la precaución.

En la terraza todavía permanecen las dos grandes sombrillas que fueron incendiadas durante los incidentes del pasado fin de semana. Sus responsables quieren retirarlas cuanto antes, pero están pendientes de la visita del perito del seguro.

Desde el Gremi de Restauració de Barcelona apuntan que la mayoría de establecimientos del centro tiene intención de mantener su actividad y abrir las terrazas, aunque cerrarán inmediatamente si detectan situaciones de riesgo.

El sector hostelero fue, precisamente, uno de los más críticos con la gestión de los altercados por parte de las administraciones y con la incapacidad de los dispositivos policiales para evitar que los incidentes alcanzaran semejante magnitud. Los comerciantes también temen que las imágenes de violencia terminen alejando a los clientes del centro de la ciudad.

«¿De verdad alguien se piensa que la gente va a venir de compras con este panorama?», se pregunta Javier Cottet, de la cadena de ópticas Cottet, que cuenta con establecimientos en la rambla Catalunya. El empresario considera que la inseguridad puede provocar que los consumidores opten por acudir a centros comerciales en lugar de desplazarse a las principales calles comerciales de Barcelona.

«Nadie quiere sentirse inseguro de compras», lamenta, al tiempo que recuerda que los problemas de movilidad para acceder al centro ya suponen una dificultad añadida para los negocios.

El comercio exige que no se repitan los altercados

El presidente de Barcelona Oberta, Gabriel Jené, recuerda que este sábado coincide con un momento especialmente favorable para la actividad comercial. El cobro de las nóminas, la presencia todavía significativa de turistas y la llegada de temperaturas más frescas convierten esta jornada en una oportunidad importante para las ventas.

Por su parte, Luis Sans, presidente de la Associació Passeig de Gràcia, asegura que la mayoría de comerciantes de esta vía tiene intención de abrir, aunque también está preparando medidas para proteger los establecimientos.

Sans advierte de que mantener las tiendas permanentemente blindadas perjudica la imagen comercial de Barcelona y confía en que las fuerzas policiales consigan impedir nuevos incidentes.

Mientras tanto, las consecuencias de los últimos disturbios siguen siendo visibles. Una tienda de gafas de sol saqueada entre la avenida de la Catedral y el Portal de l’Àngel ha instalado una nueva verja y mantiene parte del escaparate protegido con tablas. Otro establecimiento de ropa deportiva presenta todavía cristales dañados y protecciones de madera. Sus responsables han decidido no abrir este sábado ante el temor a sufrir nuevos ataques.

La preocupación de comerciantes y restauradores refleja las consecuencias económicas de unos disturbios que, más allá de los daños materiales ocasionados, amenazan con perjudicar la actividad comercial de uno de los principales motores económicos de Barcelona.

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