El plan de Gianni Infantino para cambiar el modelo económico del Mundial ha provocado una gran división en el fútbol internacional. La propuesta contempla crear la filial FIFA Forward Enterprise (FFE), encargada de gestionar los ingresos comerciales de la FIFA, como derechos audiovisuales, patrocinios y entradas. La nueva empresa estaría valorada en unos 20.000 millones de dólares y permitiría la entrada de inversores privados mediante la venta del 20% de sus acciones.
Aunque la FIFA defiende que la medida generaría más recursos para el desarrollo del fútbol, el proyecto ha recibido fuertes críticas de federaciones, dirigentes y organismos deportivos. Sus detractores consideran que la iniciativa podría poner en manos privadas parte del control económico del Mundial, una de las competiciones más importantes del deporte.
Críticas por falta de transparencia
La UEFA se ha convertido en una de las principales críticas del proyecto de la FIFA, al considerar que la organización está traspasando un límite al intentar vender participaciones relacionadas con el Mundial. El organismo europeo ha convocado a sus 55 federaciones para estudiar posibles medidas y ha defendido que “nadie es propietario del fútbol”.
A las críticas de la UEFA se han unido varias federaciones y dirigentes deportivos. El presidente de LaLiga, Javier Tebas, cuestionó la estrategia de la FIFA y señaló que el aumento de financiación a las federaciones no debería utilizarse como una forma de conseguir apoyos para la propuesta.
Presión económica a las federaciones
La reforma propuesta por la FIFA deberá contar con el apoyo de las 211 federaciones que forman parte del organismo. Según The Times, Infantino habría establecido un plazo de 53 días para que decidan si respaldan la iniciativa.
El proyecto incluye un aumento de la financiación para las federaciones, que podrían recibir hasta 20 millones de dólares entre 2027 y 2030. Sin embargo, la reducción de ayudas para quienes rechacen la propuesta ha generado críticas, ya que algunos consideran que se trata de una forma de presión económica para conseguir apoyos.
La FIFA defiende su proyecto
Ante las críticas recibidas, la FIFA ha defendido su propuesta asegurando que los inversores privados no tendrían influencia en las decisiones deportivas ni en la organización de las competiciones. El organismo afirma que mantendría el control sobre el calendario, las normas y la gestión del fútbol internacional.
Aunque la FIFA seguiría siendo una entidad sin ánimo de lucro, la nueva filial tendría un modelo empresarial que permitiría la entrada de capital privado para gestionar y ampliar sus actividades comerciales.
El debate llega a la política
La polémica por el proyecto de la FIFA también ha llegado al terreno político. Desde Reino Unido, el primer ministro Andy Burnham criticó la iniciativa y defendió que el fútbol pertenece a los aficionados, no a los inversores, al considerar que el Mundial representa un patrimonio deportivo y no un simple negocio.
La propuesta de Infantino ha abierto un debate sobre el futuro económico del fútbol mundial. Mientras la FIFA asegura que la reforma permitirá aumentar los recursos destinados al desarrollo del deporte, sus críticos advierten del riesgo de convertir una competición histórica en un negocio condicionado por intereses privados.



