El presidente del Grupo Municipal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Daniel Sirera, ha acusado este miércoles al alcalde, Jaume Collboni, de haber «claudicado» ante el problema de la droga y de conformarse con gestionar sus consecuencias en lugar de combatir sus causas.
El dirigente popular ha cargado contra el nuevo plan municipal sobre drogas, al que ha calificado de «operación de maquillaje«, al considerar que evita actuar contra las vías de entrada y distribución de los estupefacientes en la ciudad.
«Barcelona se ha convertido en un escaparate de la droga. Se vende en nuestras calles, se consume en nuestros parques y se blanquea en cientos de clubes cannábicos mientras el Ayuntamiento actúa como si todo esto fuera inevitable», ha denunciado Sirera.
Control del puerto y acabar con los clubes cannábicos
Según el portavoz popular, los delitos relacionados con el tráfico de drogas han aumentado un 27% en el último año y los recientes ajustes de cuentas vinculados al narcotráfico evidencian, a su juicio, la gravedad de la situación que atraviesa la capital catalana.
En este contexto, Sirera ha reclamado al alcalde que exija al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, un refuerzo inmediato de los controles en el Puerto de Barcelona para frenar la entrada de drogas, y que solicite al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, las modificaciones legales necesarias para extinguir las licencias de los clubes cannábicos.
El líder del PP en Barcelona ha sostenido que, si el Ayuntamiento ha decidido eliminar las licencias de los apartamentos turísticos por razones de interés general, también puede impulsar el cierre de los clubes cannábicos por motivos de salud pública, seguridad y convivencia.
Turismo de la droga
Asimismo, ha denunciado que cada año se recogen más de 75.000 jeringuillas abandonadas en calles, plazas y parques infantiles de la ciudad, una cifra que, según ha afirmado, refleja «el fracaso de las políticas de Collboni».
Sirera ha advertido además de que Barcelona no puede resignarse a convertirse en un destino del llamado turismo de la droga ni aceptar que numerosos barrios convivan con narcopisos, puntos de venta y consumo habitual de estupefacientes.
Finalmente, ha reclamado una política de «tolerancia cero» que actúe sobre toda la cadena del narcotráfico, reforzando los controles de entrada de droga, cerrando los clubes cannábicos y aumentando la presión policial contra las redes dedicadas al tráfico de estupefacientes.



