Donald Trump se ha apuntado un triunfo destacado en uno de los temas más controvertidos de este año: las pretensiones americanas sobre Groenlandia. El nuevo acuerdo sobre Groenlandia anunciado ayer, 18 de septiembre de 2026, por Estados Unidos, Dinamarca y el Gobierno groenlandés, tiene una importancia considerable. El texto jurídico completo todavía no se ha publicado —está previsto que se firme durante la Asamblea General de la ONU—, pero las filtraciones a las Agencias y las declaraciones de los tres gobiernos permiten reconstruir bastante bien sus elementos esenciales.
1. Groenlandia sigue bajo soberanía danesa
Este es probablemente el elemento político más importante. No hay cesión territorial ni soberanía estadounidense sobre Groenlandia. Dinamarca mantiene la soberanía y se reconoce expresamente el derecho de autodeterminación de los groenlandeses.
Esto supone que Washington obtiene buena parte de lo que buscaba desde el punto de vista estratégico, pero sin la compra o anexión de Groenlandia que Trump había planteado anteriormente, lo que fue su objetivo real desde el primer día.
2. EE. UU. obtiene una presencia militar permanente y ampliable
Estados Unidos obtiene derechos permanentes para mantener y ampliar su presencia militar en Groenlandia. Podrá utilizar instalaciones, desplegar fuerzas y aumentar considerablemente sus capacidades militares.
Según las informaciones publicadas, Washington contempla incluso la construcción de hasta tres nuevas bases o instalaciones, aunque todavía no están claras ni sus ubicaciones ni sus características.
Esto se añade a la actual Pituffik Space Base —la antigua base de Thule—, fundamental para la alerta temprana de misiles, vigilancia espacial y defensa del Ártico.
3. Amplios derechos de acceso, tránsito y sobrevuelo
El acuerdo consolida para Estados Unidos derechos de:
- acceso a instalaciones militares;
- despliegue y estacionamiento de fuerzas;
- utilización del espacio aéreo;
- tránsito de aeronaves y buques;
- construcción y explotación de instalaciones militares.
En realidad, muchos de estos derechos ya existían en el acuerdo de defensa de 1951, que es extraordinariamente favorable a EE. UU. Ese tratado permite a Washington construir instalaciones, almacenar material, alojar tropas, controlar despegues y aterrizajes y desplazarse por aire, tierra y mar entre las zonas de defensa.
Por eso el nuevo acuerdo debe entenderse más como una ampliación y actualización del régimen de 1951 que como la creación desde cero de derechos militares estadounidenses.
4. China y Rusia quedan prácticamente excluidas
Aquí aparece una de las novedades fundamentales.
Según Reuters y FT, los países no pertenecientes a la OTAN no podrán establecer bases o una presencia militar estratégica en Groenlandia, lo que en la práctica está dirigido fundamentalmente contra China y Rusia.
Trump lo ha presentado como la garantía de que ningún adversario de Estados Unidos podrá establecerse militarmente en la isla.
5. También afecta a inversiones estratégicas
El acuerdo no se limita a las bases militares. Introduce mecanismos para impedir que países considerados estratégicamente problemáticos adquieran posiciones importantes en sectores sensibles groenlandeses.
Según Reuters, determinadas inversiones procedentes de países no OTAN quedarían sujetas a la aprobación estadounidense.
Este punto puede resultar incluso más trascendente económicamente, porque Groenlandia posee importantes recursos de tierras raras, minerales críticos, energía e infraestructuras potencialmente estratégicas.
El objetivo evidente es impedir que China pueda adquirir una posición dominante en minas, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones u otras infraestructuras sensibles.
6. El acuerdo sobreviviría a una eventual independencia de Groenlandia
Esta es una cláusula especialmente interesante. Según Reuters, el sistema acordado está concebido para continuar vigente incluso si Groenlandia se independizase en el futuro de Dinamarca.
Esto proporciona a Washington una garantía estratégica a muy largo plazo: una futura independencia groenlandesa no implicaría automáticamente la desaparición de la presencia militar estadounidense.
7. No es exactamente un «control estadounidense de Groenlandia»
Aquí conviene distinguir la formulación de Trump del contenido jurídico.
Trump habla de “permanent control” de la seguridad de Groenlandia. Sin embargo, Dinamarca y Groenlandia lo presentan de forma bastante diferente: como una ampliación de la cooperación militar estadounidense dentro de la soberanía danesa y respetando la autodeterminación groenlandesa.
Por tanto, jurídicamente parece más exacto hablar de derechos militares estadounidenses permanentes y muy amplios, no de soberanía o control territorial estadounidense.
El precedente de 1951 es clave
El nuevo acuerdo se apoya en el Acuerdo para la Defensa de Groenlandia de 27 de abril de 1951, firmado en el marco de la OTAN. Ese tratado sigue siendo la arquitectura jurídica fundamental y establece que EE. UU. puede operar determinadas áreas de defensa, construir instalaciones, estacionar personal, almacenar suministros y disponer de amplios derechos de movimiento. Al mismo tiempo, establece expresamente que ello se hace “sin perjuicio de la soberanía del Reino de Dinamarca”.
En 2004 el acuerdo fue modificado para reconocer mucho más claramente la participación política de Groenlandia en las decisiones que le afectan.
Hay además que evitar confundir este régimen con el Defense Cooperation Agreement Dinamarca-EE. UU. firmado en diciembre de 2023 y vigente desde julio de 2025, que regula principalmente la presencia estadounidense en Dinamarca propiamente dicha; el Departamento de Estado señala expresamente que Groenlandia se rige por un acuerdo separado.
En términos estratégicos
El resultado puede resumirse así: Dinamarca conserva Groenlandia; Groenlandia conserva formalmente su capacidad de decidir sobre su futuro; pero Estados Unidos obtiene garantías de muy largo plazo de que la isla permanecerá integrada en el sistema defensivo norteamericano/OTAN y fuera del alcance estratégico de China y Rusia.
Eso explica por qué las tres partes pueden presentar el acuerdo favorablemente: Washington obtiene seguridad militar y capacidad para bloquear penetración china o rusa; Copenhague evita cualquier cesión de soberanía; y Nuuk consigue que se reconozca su autodeterminación y participa directamente en el acuerdo.
Hay, no obstante, dos cuestiones muy importantes que todavía no pueden darse por cerradas hasta que conozcamos el texto firmado: hasta dónde llega exactamente el derecho de veto estadounidense sobre inversiones extranjeras y qué capacidad tendrá Washington para abrir nuevas bases sin una autorización específica posterior de Dinamarca y Groenlandia.



