Los disturbios de este fin de semana en Francia han vuelto a situar bajo los focos a un personaje poco conocido por el gran público: Neville Roy Singham. Una investigación de Fox News Digital atribuye a medios y organizaciones vinculados al empresario un papel de amplificación internacional de las protestas, especialmente a través de BreakThrough News medio de su propiedad. Este medio se hace eco de los incidentes reproduciendo los argumentos de Mélenchon.
La acusación exige precisión: difundir y respaldar una movilización no demuestra haber dirigido los ataques o financiado a sus autores. Las informaciones consultadas no acreditan ese salto.
¿Quién es este empresario estadounidense que combina riqueza capitalista, convicciones marxistas y residencia en China?
Nacido en Connecticut en 1954, hijo del politólogo de origen esrilanqués Archibald Singham, se acercó desde joven al activismo revolucionario. Militó en la Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios, de orientación marxista y maoísta, y trabajó en una fábrica de Chrysler en Detroit. Posteriormente estudió en la Universidad Howard y emprendió una carrera empresarial que acabaría proporcionándole una fortuna considerable.
Su gran éxito fue Thoughtworks, una consultora tecnológica creada en Chicago y constituida en 1993. En 2017 pasó a manos de fondos asesorados por Apax Partners. Martin Fowler, una de las figuras más reconocidas de la empresa, explicó entonces que Singham llevaba años dedicando cada vez más tiempo al activismo y menos a la gestión cotidiana. La operación ha sido valorada en unos 785 millones de dólares. Esa cifra permite entender la dimensión de sus recursos.
Singham reside en Shanghái y está casado desde 2017 con Jodie Evans, cofundadora de la organización antibelicista CODEPINK. Su orientación política reúne marxismo, admiración por la experiencia revolucionaria china y oposición a la hegemonía estadounidense. Su trayectoria empresarial no sustituyó aquellas convicciones: le proporcionó los medios para proyectarlas internacionalmente.
El alcance de esa actividad quedó expuesto en 2023 por una investigación de The New York Times. El periódico identificó una red de entidades vinculadas a Singham que combinaban causas progresistas con mensajes favorables al Gobierno chino. Las organizaciones estadounidenses utilizadas como canales de financiación habían acumulado al menos 275 millones de dólares en donaciones.
Entre las organizaciones financiadas por Singham o por entidades de su entorno destacan The People’s Forum, centro de formación y encuentros políticos en Nueva York; Tricontinental: Institute for Social Research, dirigido por el intelectual marxista Vijay Prashad; y BreakThrough News, medio digital dedicado a asuntos internacionales y movilizaciones sociales. Las tres han sido objeto de requerimientos de documentación por parte del comité de Ways and Means de la Cámara de Representantes estadounidense, en una investigación sobre financiación e influencia extranjera. Esos requerimientos constituyen actuaciones de investigación, no una declaración de culpabilidad.
También figura CODEPINK: según los registros citados por el Times, entidades vinculadas a Singham aportaron más de 1,4 millones de dólares desde 2017, cerca de una cuarta parte de sus donaciones durante el periodo analizado. No Cold War, contraria a la confrontación con China, y Dongsheng News, un proyecto de información sobre el país en varios idiomas, forman asimismo parte de este entramado de relaciones. No todos los vínculos, sin embargo, tienen idéntica naturaleza financiera u organizativa.
Su relación con China trasciende el lugar de residencia. China Media Project documentó su participación en un foro celebrado en Shanghái en 2023 sobre la proyección internacional del Partido Comunista. También identificó colaboraciones entre integrantes de su entorno y estructuras chinas de comunicación exterior. Son conexiones relevantes para examinar su influencia, aunque por sí solas no prueban que cada iniciativa responda a instrucciones de Pekín.
Singham ha negado trabajar para un Gobierno o partido y sostiene que actúa conforme a sus propias convicciones. Esa explicación debe recogerse junto a las investigaciones sobre su actividad.
El caso francés plantea, por tanto, una cuestión que va más allá de buscar un financiador oculto detrás de cada barricada: cómo una gran fortuna privada puede sostener medios, formación política y campañas capaces de internacionalizar un conflicto local. Hay motivos para exigir transparencia sobre ese poder. También para evitar que la sospecha de influencia se convierta, sin pruebas, en una acusación de haber organizado la violencia
Todo lo referido demuestra que los incidentes de Francia no responden a meras protestas de estudiantes o agricultores. Sin perjuicio de que sean legítimas es evidente que hay potencias extranjeras tratando de amplificarlas en favor de sus intereses , en este caso China, aunque desde Rusia también se está dando cobertura a las protestas.
Este apoyo internacional facilita la ampliación de las protestas francesas a Italia, España u otros países europeos aunque la estructura social y la composición de la inmigración sea diferente en cada país.
Este personaje se une a otros multimillonarios muy implicados en política como Soros, Musk, Thiel, Adelson, Gates o Bolloré.



