Una broma de Kylian Mbappé sobre un montaje fotográfico que lo comparaba con Mao Zedong ha provocado una crisis diplomática, deportiva y comercial de proporciones sorprendentes. El futbolista francés se limitó a referirse al fundador de la República Popular China como un dictador. La respuesta ha sido fulminante: suspensión de retransmisiones de LaLiga, ruptura de contratos publicitarios y una campaña de indignación que ha terminado obligando al jugador a pedir disculpas.
La cuestión verdaderamente relevante no es si la broma era afortunada, sino por qué una referencia humorística a un dirigente fallecido hace medio siglo puede desencadenar semejante reacción. Pudo haber dicho sin faltar a la verdad que fue el mayor causante de muertes de la historia, entre 40-80 millones de chinos, por delante de Stalin y Hitler.
Imaginemos que Mbappé hubiera realizado una broma equivalente sobre Donald Trump, Joe Biden o cualquier otro presidente estadounidense. Probablemente habría provocado críticas, aplausos o discusiones en las redes sociales. Pero difícilmente la televisión pública estadounidense habría suspendido las retransmisiones de la Liga española por considerar intolerable una ofensa a un antiguo presidente.
La capacidad de soportar la crítica, la sátira e incluso la burla es uno de los rasgos esenciales de una democracia. Los dirigentes políticos no son figuras sagradas y su trayectoria debe poder ser examinada sin restricciones impuestas por el poder.
Mao Zedong es una figura histórica cuya responsabilidad en episodios como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural ha sido objeto de extensas investigaciones. Calificarlo de dictador no constituye una extravagancia histórica, aunque en China su figura siga ocupando un lugar central en la legitimidad del Partido Comunista.
Pero quizá lo más significativo de este episodio no sea la reacción china, relativamente coherente con las restricciones políticas de su sistesistema, sino la actitud de quienes, desde nuestras democracias, han corrido a censurar al futbolista.
Especialmente decepcionante resulta la reacción de Javier Tebas. El presidente de LaLiga no se ha limitado a lamentar el conflicto comercial, sino que ha pedido disculpas por las palabras del jugador y anunciado medidas de sensibilización para evitar nuevos incidentes.
Es comprensible que el responsable de una competición con importantes intereses económicos en China trate de preservar sus contratos. Lo discutible es que esa preocupación comercial termine convirtiéndose en una presión sobre la libertad de expresión de los futbolistas.
¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar nuestros principios democráticos para no incomodar a nuestros socios comerciales?
El episodio invita también a reflexionar sobre una paradoja de nuestro tiempo. Mientras algunos sectores presentan a Estados Unidos como una dictadura y reivindican las supuestas virtudes democráticas del modelo chino, incidentes como este permiten observar diferencias institucionales muy concretas.
Estados Unidos puede atravesar crisis políticas, sufrir tensiones institucionales y tener dirigentes que cuestionen las reglas democráticas. Pero conserva elecciones competitivas, pluralismo político, medios independientes y mecanismos judiciales para proteger la libertad de expresión.
China, por el contrario, mantiene el monopolio político del Partido Comunista, restringe la oposición organizada y somete a importantes controles la información y la crítica política.
No se trata de negar los problemas de la democracia estadounidense ni los éxitos económicos de China. Se trata de evitar que la admiración por su desarrollo económico, la afinidad ideológica o la conveniencia comercial lleven a confundir dos sistemas políticos profundamente distintos.
Mbappé ya ha pedido disculpas. Es su derecho y probablemente ha querido poner fin a una polémica que amenazaba sus intereses profesionales. Pero sería lamentable que la conclusión del episodio fuese que los deportistas deben abstenerse de cualquier comentario político susceptible de incomodar a un gobierno extranjero.
Porque la libertad de expresión no consiste en poder decir únicamente aquello que agrada al poder. Consiste, precisamente, en poder decir también aquello que le molesta.
Y una sociedad que empieza a disculparse por ejercer esa libertad debería preguntarse qué está dispuesta a perder para conservar sus negocios.
🚨🇨🇳🇪🇸 | Una simple broma del futbolista francés Kylian Mbappé ha desatado una crisis entre el régimen de China y el fútbol español. Tras ser cuestionado por uno de sus memes favoritos, el jugador del Real Madrid respondió: «Con el que más me he reído es ese en el que usan mi cara en un dictador chino. Lo utilizo mucho con mis amigos». Mbappé hizo una clara mención a Mao Zedong, fundador de la China comunista, cuyas políticas provocaron una hambruna que dejó decenas de millones de muertos. Su Revolución Cultural también estuvo marcada por purgas, persecuciones y violencia política. Tras la viralización de las declaraciones, Pekín reacción con inmediatez, con la televisión estatal suspendiendo las retransmisiones de LaLiga, retirando el contenido del futbolista y provocando que varias empresas chinas rompieran sus acuerdos comerciales con Mbappé. Ante la presión económica, Mbappé terminó pidiendo disculpas: «En una reciente entrevista, he reaccionado ante una foto mía en la que poso. Ese comentario fue un desliz y entiendo hoy que ha herido a numerosas personas en China y en el seno de la comunidad china en el mundo. Pido disculpas a todas aquellas personas a las que mis palabras hayan chocado. En absoluto era mi intención. Tengo un profundo respeto por el pueblo chino y su historia, y lo siento sinceramente». Javier Tebas, presidente de LaLiga, también pidió perdón en nombre de los clubes: «La Liga lamenta profundamente el malestar y la ofensa causados en China por las declaraciones de Kylian Mbappé. Entendemos el daño que estas declaraciones han provocado. En nombre de La Liga, presento mis más sinceras disculpas al pueblo chino (…) No podemos permitir que el comportamiento de un individuo dañe esta relación, ni que más de 20 clubes de nuestras competiciones profesionales y millones de aficionados chinos se vean perjudicados por ello». Pero la controversia no terminó allí. Tras el pedido de disculpas de Mbappé y, especialmente, Tebas, decenas de miles de usuarios empezaron a criticar al jugador y al presidente de LaLiga, pues consideran que el jugador francés no hizo nada malo y que se trata de un caso de censura dura por parte de la dictadura comunista china. De hecho, la publicación de Tebas recibió una nota de comunidad simple y contundente: «Contexto importante: Mao Zedong fue efectivamente un dictador».
— Informe Orwell (@InformeOrwell) October 27, 2026
🚨Javier Tebas pide perdón en nombre de LaLiga por las palabras de Mbappé sobre Mao Tse-Tung https://t.co/BjLLPjUk1p
— MARCA (@marca) October 27, 2026
@Tebasjavier @KMbappe Me gusta China, admiro la cultura china, tengo amigos/as de origen chino y los respeto de corazón. Pero Mao Zedong/Mao Tse-Tung, quien eliminó a millones de chinos, fue un PUTO DICTADOR. Así que a la mierda con esas disculpas que sólo pedís por dinero. https://t.co/e1IjBUrZGe
— Huganay (@Huganay) October 27, 2026



