El triunfo demócrata lejos de ser decisivo.

Sin mayoría reforzada en el Senado

Donald Trump atiende a los medios durante un acto oficial en Estados Unidos.
Donald Trump durante una comparecencia ante la prensa en una imagen de archivo.

Los demócratas lograron una victoria significativa en las midterms de 2026, recuperando el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Sin embargo, el derecho de veto del presidente Trump y la falta de una mayoría de 60 senadores —necesaria para evitar bloqueo de leyes— constituyen obstáculos clave para imponer su agenda legislativa.

En cuanto a las amenazas de juicios políticos (impeachment), el proceso tiene dos umbrales distintos:

  • En la Cámara de Representantes basta la mayoría simple para aprobar artículos de impeachment. Con el control demócrata de la Cámara, sí pueden formalizar una acusación.
  • En el Senado, sin embargo, se requiere una mayoría de dos tercios (67 votos) para condenar y destituir. Los demócratas están muy lejos de ese umbral (54 escaños), por lo que cualquier impeachment quedaría en un acto político-simbólico sin consecuencias de destitución.

Un dato esencial para interpretar el resultado es la participación. Según el University of Florida Election Lab, el voto anticipado superó los 61,9 millones (récord en midterms) y la estimación preliminar sitúa el total en unos 124,3 millones de votos, equivalentes a aproximadamente el 49,4 % de la población elegible. En las presidenciales de 2024 la participación fue del 65 % aproximadamente (154-158 millones de votos). La diferencia ronda los 15 puntos porcentuales.

Esta brecha es habitual: las midterms siempre registran una participación notablemente menor que las presidenciales. El electorado que acude a las urnas en noviembre de años intermedios es más selectivo, más polarizado y con un perfil demográfico distinto. Por eso, lo que ocurre en las midterms no se traslada automáticamente a las siguientes elecciones presidenciales. Una “ola” de rechazo o de apoyo en midterms puede diluirse o invertirse dos años después, cuando el universo de votantes es más amplio y la movilización responde a dinámicas distintas.

En 2010, Obama sufrió una derrota mucho más severa (pérdida de 63 escaños en la Cámara). En 2012 arrasó. La victoria demócrata de 2026 es real y cambia el equilibrio de poder en Washington, pero el veto presidencial, la barrera de los 60 senadores, la imposibilidad práctica de un impeachment exitoso y la menor participación relativa respecto a las presidenciales recuerdan que el control del Congreso no equivale a capacidad plena de gobernar ni garantiza resultados idénticos en 2028. Y que Trump continua teniendo margen para gobernar aunque con más condicionado lo que es una buena noticia incluso para los republicanos

Francesc Moreno
Francesc Moreno
Abogado y editor. Ha sido profesor de derecho financiero en la UAB y derecho mercantil en la UB. Fundador de cronicaglobal.com y SCC .

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