Soy periodista como saben. Y sí, de los que tienen muy buen olfato periodístico. Por eso, sé de buena tinta que con la dimisión de Óscar Puente no basta, aunque la opinión sincronizada ahora lave la imagen del ex ministro de Transportes con cierto estupor y algunos tertulianos digan que con eso el problema está solucionado, porque la verdad es que esto esta muy lejos de la realidad.
Para empezar, la dimisión de Óscar Puente llegó tarde y mal, pero además es insuficiente, porque los distintos ministros de transportes que ha tenido España bajo el régimen de Pedro Sánchez han sido nefastos, manchados por una fuerte corrupción y negligencia. Además, el Gobierno de Pedro Sánchez ha colonizado todas las instituciones, también ADIF, poniendo personas de confianza y no a expertos que realmente atiendan como es debido los cambios que se deben realizar en el transporte español.
Tampoco se escuchó a los sindicatos profesionales del transporte. Se les debería haber escuchado mucho más. Seguramente, hoy incluso si hubiera sido así habrían más personas con vida en este Mundo, porque en un país europeo como España no se pueden justificar dos accidentes ferroviarios muy graves en nueves meses. Aún teniendo muy reciente a las víctimas del accidente entre un AVE y un Iryo en Toledo, también tenemos muy presentes a las víctimas del accidente de Adamuz. Es inadmisible. Y lo peor es que puede volver a ocurrir, porque siguen sin tomarse las medidas oportunas, entre ellas, destinar muchos más fondos al mantenimiento de las infraestructuras españolas o poner más personal adecuado.
Por lo tanto, la situación debe cambiar y mucho tras el 29N, día de las Elecciones Generales, porque ahora mismo incluso en Andalucía hay un 60% menos de pasajeros que utilizan los trenes de alta velocidad como transporte para desplazarse. Se ha perdido la confianza en el tren español. Hay que recuperar la confianza y mucho está en juego sin la menor duda. Y eso afecta también a las empresas españolas por supuesto, porque la mala gestión, el caos, la corrupción y el exceso de ruido pasan factura. Una factura muy alta y dañina que va a llevar años solventar y cuanto antes lo asumamos y se actúe con la debida seriedad que merece está grave situación que tenemos frente, antes España volverá a colocarse en la posición que le corresponde en muchos aspectos, en caso contrario todo irá a peor.



