A comienzos de 1994, cinco años después de la caída del Muro de Berlín, aparecieron en Estados Unidos las confesiones del ex-jerarca de la KGB Pável Sudoplátov. «Misiones especiales» fue la mayor contribución pública al descubrimiento de los crímenes de Stalin desde la célebre denuncia de Nikita Jruschov en 1956, un cataclismo del comunismo, otro más. Allí Sudoplátov se reconoce responsable de una serie de sabotajes, secuestros y homicidios y revela nombres y seudónimos de cientos de espías internacionales que integraban su red. Entre ellos, el de una española, “nuestra mejor agente”. La información era impactante. Mientras en Montevideo se transfiguraba en una modista que contaba cuentos a los niños, en sus viajes secretos a la Unión Soviética era recibida como una partisana gloriosa, galardonada con medallas, órdenes de guerrillera, estrellas rojas. Fue la española más condecorada por el Politburó, aún más que su amigo y posiblemente amante Ramón Mercader, el asesino de Trotsky.
«Mi niñera de la KGB» de Laura Ramos (Lumen) relata la vida de la implacable y legendaria espía soviética África de Las Heras, un fresco de la historia social, política y cultural del siglo XX, a través de los ojos de la niña para la cual fungía de ocasional niñera que, cincuenta años después, ya consagrada escritora, descubre la verdadera identidad de su nana y emprende un viaje alucinante de reconstrucción de su biografía y de la propia.
Un viaje alucinante tras los pasos de África de las Heras
La española África de las Heras fue captada por los servicios secretos soviéticos en 1937. Desde entonces, y por el resto de su vida, operó como una agente internacional de élite. Durante la Segunda Guerra llegó a tirarse en paracaídas sobre las tropas de la retaguardia alemana en Ucrania; en México participó en el asesinato de Trotsky; en París, en los años de la Guerra Fría, logró casarse con el escritor Felisberto Hernández con el fin de obtener la ciudadanía uruguaya y establecer un centro de la KGB en Montevideo. En su larga estadía allí, su camino se cruza con el de la autora, hija de una pareja de políticos e intelectuales trotskistas argentinos. Para la niña Laura Ramos, África de las Heras era María Luisa, «la modista», una española afable, cercana y generosa, que cuidaba y consentía niños sin pedir nada a cambio.
Más de medio siglo después de aquellos días en los que la tuvo por niñera, Ramos descubre su verdadera identidad. A partir de allí, emprende un viaje alucinante tras los pasos de África que hace pie en Ceuta, Barcelona, México, La Habana, Cambridge y Montevideo, donde llega a encontrar a la familia que la espía había cooptado para los sóviets. Inesperadamente, su investigación termina develando dos casos policiales irresueltos en Uruguay: el de un supuesto intento de asesinato del «Che» Guevara y el crimen del último marido de la modista, un espía italiano. Ese viaje, es decir, este libro, se convierte al mismo tiempo en una exploración íntima de su propia historia e identidad. En ese gesto, y en los pliegues que lo configuran, se encuentra uno de sus hallazgos más singulares. Es, desde luego, una lectura apasionante.



