Estimadas diputadas y diputados:
Soy simplemente un ciudadano preocupado. No estoy afiliado al Partido Socialista Obrero Español, pero reconozco muchos de los ideales que durante años han transmitido amigos socialistas involucrados en la búsqueda de una sociedad más justa.
Me dirijo a vosotros desde la preocupación, pero también desde la responsabilidad y la esperanza. La preocupación por la situación que atraviesa el PSOE y la esperanza de que aún estáis a tiempo de recuperar la esencia de aquello que os llevó a afiliaros a vuestro partido y posteriormente a representar al pueblo español bajo sus siglas.
Sé que muchos de vosotros os incorporasteis a la militancia impulsados por unos principios que muchos ciudadanos seguimos considerando irrenunciables: la defensa de una sociedad libre, justa, igualitaria, solidaria y en paz; el compromiso con el bien común; el respeto a la verdad; la ejemplaridad en la conducta pública; y una forma de actuar basada en la honradez, la transparencia y la responsabilidad.
Esos ideales no sólo constituyen la razón de ser histórica del Partido Socialista, sino también una aspiración compartida por millones de españoles. Fueron esos valores los que hicieron que muchos ciudadanos depositaran su confianza en vosotros y os encomendaran responsabilidades de gobierno. Sin embargo, resulta cada vez más difícil ignorar que durante los últimos años se ha producido una profunda desviación respecto de esos principios.
Los acontecimientos conocidos, las inexistentes explicaciones ante determinadas actuaciones, las reiteradas contradicciones del Gobierno y las diversas investigaciones y procedimientos judiciales que afectan o han afectado a destacados responsables del partido han generado una grave crisis de credibilidad que amenaza con erosionar aún más la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas. Todo ello perjudica especialmente a los miles de afiliados y simpatizantes que siempre actuaron de buena fe y con lealtad hacia los ideales que creían representar.
La historia del socialismo democrático ofrece ejemplos que deberían inspirar una profunda reflexión. Pablo Iglesias Posse (el fundador) afirmó que la honradez debía ser la principal seña de identidad de quienes defendieran la causa socialista. Julián Besteiro prefirió mantenerse fiel a sus convicciones antes que sacrificar sus principios a la conveniencia del momento. Indalecio Prieto recordaba que el poder sólo se legitima cuando se ejerce con responsabilidad y respeto a la verdad. Ninguno de ellos entendía la lealtad al partido como una sumisión incondicional a sus dirigentes.
Sinceramente creo que el silencio ante las circunstancias actuales no constituye una muestra de fidelidad. Por el contrario, la verdadera lealtad consiste en defender los principios cuando quienes deben representarlos se apartan de ellos. Callar ante la pérdida de ejemplaridad supone aceptar una degradación moral que acaba vaciando de contenido cualquier proyecto político.
La tradición de la izquierda democrática recuerda que la crítica interna es una obligación y no una traición. Rosa Luxemburgo advirtió del peligro que supone renunciar a la verdad para proteger a quienes ostentan el poder. Décadas después, Willy Brandt demostró que la grandeza de una organización política reside en su capacidad para asumir responsabilidades, regenerarse y volver a merecer la confianza de los ciudadanos.
Por ello, considero necesario que aquellos de vosotros que seguís creyendo en los ideales socialistas manifestéis de forma clara y pública vuestro rechazo a la deriva que hoy perciben millones de españoles. No se trata de un ejercicio de confrontación ni de una lucha por posiciones de poder. Se trata de un acto de coherencia, dignidad y responsabilidad hacia los votantes, hacia vuestro partido y hacia la democracia española.
La renovación profunda de la dirección y de las prácticas internas no debe contemplarse como una amenaza, sino como una oportunidad. Una oportunidad para recuperar la credibilidad perdida, restablecer los principios de honradez, veracidad y transparencia, fortalecer la confianza de la ciudadanía y garantizar la continuidad futura de un proyecto socialista digno de su historia y respetado por las instituciones nacionales e internacionales.
La imagen de España se ve hoy seriamente dañada por la creciente desconfianza de muchos ciudadanos hacia quienes les gobiernan. No se trata únicamente de la falta de credibilidad de determinados discursos o explicaciones. Es también la percepción de que demasiadas energías se destinan a la supervivencia política de quienes ejercen el poder, en lugar de orientarse a resolver los problemas reales de los españoles. Una democracia fuerte exige gobiernos eficaces, transparentes y sometidos a la rendición de cuentas.
Os invito, por tanto, a reflexionar sobre el momento que vivimos y a expresar vuestra posición con valentía y honestidad. Nuestro sistema democrático regula la moción de censura a un Presidente de Gobierno cuando la mayoría de la Cámara aprueba su sustitución por otro. Cada uno de vosotros debe valorar, en conciencia, cuáles son sus deberes hacia los ciudadanos que representa, hacia la democracia y hacia los principios que un día le llevaron a militar en el Partido Socialista. Sólo un nuevo Gobierno puede evitar el desastre absoluto. Votar a un nuevo Presidente militante del Partido Socialista permitirá hacer creer que la democracia todavía existe y que los socialistas la ejercen precisamente para seguir siendo socialistas. Sabéis que, con la actual aritmética parlamentaria, unos cuantos votos y una inteligente negociación puedan hacer cambiar el rumbo de esta legislatura.
La cuestión esencial no es si ello resulta conveniente para determinados dirigentes, sino si resulta necesario para preservar la credibilidad de las instituciones y la dignidad del socialismo democrático español.
La historia de cualquier institución la escriben quienes tienen el valor de actuar cuando los principios están en juego. Hoy os corresponde a vosotros decidir si queréis ser simples espectadores de una deriva que amenaza con desacreditar una herencia política centenaria o protagonistas de una regeneración que devuelva al socialismo español el prestigio moral que una vez tuvo.
Con respeto, preocupación y esperanza,
Un ciudadano corriente.



