El reciente estreno del documental White Guilt (2026), dirigido por Eli Steele (hijo de Shelby Steele) y producido junto a su padre, basado en el libro White Guilt (2006) de Shelby y en sus ideas posteriores, ha vuelto a la actualidad la teoría de Steele sobre la » culpa blanca «, aplicable , por ejemplo, a la culpa por la conquista, típica entre los progres españoles.
El tema me parece muy relevante cuando vemos el éxito de los candidatos musulmanes en el seno del partido Demócrata americano. La culpa blanca explica en buena medida su éxito. Ya no se trata de los afroamericanos como victimas. Se amplia a los musulmanes.
Shelby Steele es afroamericano (de raza negra).Nació en 1946 en Chicago, creció en el Sur segregado de Estados Unidos, participó en el movimiento por los derechos civiles en los años 60 y, durante un tiempo, formó parte de la militancia negra (incluyendo contactos con los Black Panthers). Más adelante se convirtió en un crítico del nacionalismo negro y de las políticas de identidad racial, defendiendo el individualismo y la responsabilidad personal.
Su condición de negro es relevante para su argumentación: él mismo señala que su experiencia personal (incluyendo su matrimonio interracial y su vida entre dos mundos raciales) le permitió ver con claridad los mecanismos de la “culpa blanca” y del poder de la víctima.
La tesis de Steele
Para Steele, el Occidente post-1960s se estigmatizó a sí mismo al reconocer el racismo y el colonialismo. Esa admisión le costó autoridad moral. A partir de entonces:
- El éxito occidental se interpreta no como resultado de una evolución cultural milenaria (pensamiento griego, derecho romano, individualismo, método científico, mercados libres, separación Iglesia-Estado), sino como fruto de “ganancias ilícitas” (esclavitud y colonialismo).
- La superioridad cultural se convierte en prueba de pecado. Los símbolos de grandeza (como las Torres Gemelas) se leen como monumentos de maldad.
- Se impone la equivalencia moral: no se puede mencionar la debilidad, el atraso o el pecado en el Tercer Mundo o en minorías sin ser acusado de racista/imperialista.
Esto desarma culturalmente a Occidente. Otras culturas no hacen ese movimiento de auto-estigmatización.
Comparaciones concretas
1. Mundo islámico
- Historia de conquistas masivas (desde el siglo VII hasta el Imperio Otomano), comercio de esclavos árabe (transahariano y del Índico) que duró siglos más y en volúmenes muy altos, sistema de dhimmi, etc.
- No existe un equivalente a la “culpa blanca”. Al contrario: se afirma la superioridad de la umma y de la ley islámica. El relato dominante es de victimización contemporánea (colonialismo occidental, Israel) mientras se minimiza o glorifica el propio pasado expansivo.
- Steele señala que esto se combina con el “poder de la víctima” que Occidente concede por su culpa. Ejemplo clásico que él usa: Yasser Arafat visitaba la Casa Blanca de Clinton más que cualquier otro líder.
2. China y Asia Oriental
- China tiene una historia imperial de conquista, asimilación forzada y expansión continua. No hay un discurso oficial o cultural dominante de “culpa china” por esas expansiones. El relato contemporáneo del Partido Comunista es de “rejuvenecimiento nacional” y superioridad civilizatoria (el “sueño chino”).
- Japón tuvo un periodo de autoexamen post-1945, pero nunca desarrolló un complejo de inferioridad cultural permanente ni un relativismo que ponga en duda el valor de su propia civilización. La continuidad cultural y el orgullo nacional siguen siendo fuertes.
- Steele contrastaría esto con la renuencia occidental a defender sus instituciones o su historia sin disculparse constantemente.
3. África
- Muchos reinos africanos participaron activamente en el comercio de esclavos (tanto hacia el mundo árabe como hacia el Atlántico). Existían esclavitud interna, imperios y guerras de conquista.
- El relato post-independencia, según Steele (quien viajó a África en 1970), se centró en externalizar la responsabilidad hacia el colonialismo occidental. La culpa blanca occidental se convierte en el principal capital político de muchos líderes, mientras se evita un examen interno comparable sobre desarrollo, gobernanza o capital cultural.
- Steele observa que la libertad post-colonial no eliminó el problema de inferioridad cultural relativa; la victimización se convirtió en refugio psicológico y político.
4. Otras civilizaciones
- Imperio Otomano, mongoles, aztecas, etc.: todos practicaron conquista y esclavitud a gran escala. Ninguno desarrolló un equivalente moderno de “culpa colectiva hereditaria” que paralice su autoafirmación cultural.
- El Occidente es anómalo porque sus propios principios universales (igualdad, derechos individuales, crítica racional) se volvieron contra él mismo de forma permanente.
Consecuencia según Steele
La culpa blanca obliga a Occidente a buscar redención a través de la equivalencia moral y la disociación de su propio pasado. Esto se traduce en:
- Política exterior donde la legitimidad (no parecer imperialista) importa más que la victoria.
- Dificultad para defender fronteras, exigir asimilación o afirmar la primacía de sus instituciones educativas y culturales.
- Un “mercado” de la víctima en el que quien puede acusar de racismo/colonialismo obtiene poder moral, independientemente de los resultados reales.
Steele lo resume así: Occidente debe dejar de disculparse por su grandeza civilizatoria. La grandeza debe hablar por sí misma, combinada con un compromiso real con la justicia y el interés propio, en lugar de con la penitencia permanente.
Esta es la comparación que Steele propone: la culpa no es un universal humano ante el pasado; es un producto específico de la moral post-1960s occidental que otras culturas no han adoptado y que las deja estratégicamente más libres.
Conclusión
Como ya he señalado concuerdo totalmente con las ideas de Steele.»La culpa blanca» desarma moral y culturalmente a Occidente y deja la iniciativa política a civilizaciones con pasados tan o más oscuros y con un presente de opresión y falta de libertades individuales. También explica el éxito de candidatos musulmanes en Inglaterra o, ahora en EE.UU, así como de los representantes afroamericanos más radicales. En definitiva superar la » culpa blanca» es imprescindible para dejar a nuestros descendientes un mundo mejor, con todas sus imperfecciones, del que quieren imponernos los que la utilizan para medrar.



